Había hablado de más

Había hablado de más. Quiso que la mujer zombi le perdonara. Entendía que los gestos hablan por sí mismos, más que los discursos, de modo que se cortó la lengua, la metió en una caja de bombones y se la regaló.

El suelo se hundió

El suelo se hundió bajo sus pies. De la abertura surgieron las manos de un zombi, que la arrastraron hacia abajo. Él vivía en las galerías de una mina abandonada y quería que reinaran juntos en aquel solitario palacio subterráneo. Suena terrorífico, pero al parecer fueron felices.

Engendró un vástago extraño

Engendró un vástago extraño. Su hermana se enamoró de un hombre. Cuando él lo supo, lo mató. Ella se dio cuenta de por qué lo había hecho. La deseaba. De una manera enfermiza. Y lo que resulta de un embarazo de padres zombis y genéticamente parejos siempre asusta y sorprende, a partes iguales.

Durante nueve meses

Durante nueve meses la mujer zombi se convertía en humana. Vivía entonces con una familia normal, cuidaba a sus hijos y hacía el amor con su esposo. Los otros tres meses, los de invierno, debía abandonarlos y comer vorazmente, para doce meses. Ese fue el pacto que firmó con su aparato digestivo.

Soñé que nos habían enterrado

Soñé que nos habían enterrado. A todos, a los vivos y a los no vivos. El cielo quedó cubierto de tierra. Los vivos se deshicieron de los cadáveres lanzándolos hacia arriba. La tierra que había allá en lo alto se los tragó. Todo estaba muy oscuro. Sentí mucho frío. Entonces apareció Vera. Desprendía calor. Lo llevaba dentro, en alguna parte. Ardía en medio de tanta oscuridad. Y sólo yo era capaz de verlo.

Me presentaron a un ciego

Me presentaron a un ciego. Podía ayudarme. Tendió una hoja de papel entre nosotros. Apretó su mano contra la mía, que sujetaba un lápiz. Cierra los ojos, ordenó. Lo hice. Dibújala, dijo luego. Al principio no supe qué hacer. Luego mi mano cobró vida. ¿Qué estoy pintando exactamente?, me pregunté. Él aflojó la presión sobre mi mano. Abrí entonces los ojos. El ciego sonreía. Entiendo, dijo.

Viajó

Viajó a Blue Mountains y visitó el Parque Nacional Blue and John Crow. Probó el café de Mavis Bank Coffee Factory. Fotografió las cordilleras que unen Mavis Bank con el pico más alto de Blue Mountains. Se bañó en un lago, cerca de unas cataratas. Caminó mucho. Pero ni la nostalgia ni el hambre desaparecieron. El último día, la mujer zombi empezó a planear dónde viajaría la próxima vez.

Sebastián organizó una fiesta

Sebastián organizó una fiesta. Tienes que acabar con esa melancolía, me dijo. Las cabezas colgaban del techo. Las había pintado de verde, amarillo y azul. Llenó una ensaladera de manos, las más bonitas. También preparó una crema muy suave, que sirvió en cuencos de barro.

Cómo pudo ser tan vulgar

Cómo pudo ser tan vulgar: baila a través de mi cariño y de mi inmensa ternura porque te amo desde siempre. Eso es lo que escribió el humano antes de que la mujer zombi lo desmembrara con una saña que yo no había visto antes.

Como un rayo

Como un rayo. Con una fuerza parecida y una luz parecida y una velocidad parecida, así ardió la mujer zombi, así la sacudió la tormenta. A partir de ese día no pudo apartar los ojos de un hombre. Quiso vengarse. Durante la siguiente tormenta, ella clavó la punta de un rayo en el suelo y allí lo dejó. Una arteria ramificada y tortuosa, desnuda, que lo ilumina todo de día y de noche.

Sucedió tan deprisa

Sucedió tan deprisa. Le di a entender que nos habíamos encontrado por casualidad. Cuando íbamos a despedirnos, Vera acercó una de sus mejillas. Puede que fuera un beso de compromiso. O puede que no. Son estupideces que se cometen. Impulsos. Luego no hay vuelta atrás. Abrí la boca todo lo que pude. Ahora la echo de menos, Vera ya no está al otro lado de la ventana.

Una promesa

Una promesa. La mujer zombi le dijo que no quería verlo más ni volver a oír sus palabras. Para estar segura de que cumpliría lo que acababa de decir, se cosió los párpados y llenó de hormigas los conductos auditivos.

El planeta estalló

El planeta estalló. Todo se esparció por el cosmos. Miles de islas de tierra, como campos de fútbol. La mujer zombi dio a luz en una. Luego se arrancó los dientes. El humano le preguntó qué comerían. Justo entonces atravesaron una nube de polvo de estrellas. Abrieron la boca y tragaron todo lo que pudieron, como si fuera plancton.

Él sació su hambre

Él sació su hambre. Pareció un acto generoso, un sacrificio, pero fue otra cosa. La mujer abrió la boca todo lo que pudo y lo engullió sin lastimarlo. Ahora, cuando está sola, se vuelve hacia el otro lado, como un guante, y se acarician desde dentro.

La luna roja

La luna roja alumbraba la superficie. La mujer zombi se sumergió en el mar y nadó hacia el fondo. Tocó la arena. Se metió un puñado en la boca. Luego se giró y le dijo a la luna que no masticaría su carne. Él era pescador. Aguardaba en el bote. La luna no concedía deseos, y cuando ella lo comprendió, decidió quedarse donde estaba, en el fondo del mar, y seguir masticando arena.

Supongo que son más inteligentes

Supongo que son más inteligentes. Ante el mismo dilema, ella, un no vivo, compró un establo que llenó de animales grandes. Antes de verlo a él, un hombre corriente, entraba en el establo y comía hasta que sentía náuseas.

Ella hizo algo diferente

Ella hizo algo diferente. Ella era un no vivo y él, humano. Una noche quedaron en una playa. Se abrazaron y se tumbaron y se dijeron cosas y gimieron en la arena, aún caliente. No lo devoró porque se había cosido los labios.

Peleaban por la custodia

Peleaban por la custodia de sus tres hijas. Una noche se encerraron con ellas en casa y por fin llegaron a un acuerdo. Dividieron sus trozos en dos montones que pesaban exactamente lo mismo.

El chico la espera sentado

El chico la espera sentado. Tuvo su oportunidad, pero la desperdició. Perdió la batalla hace semanas, pero no lo sabe: siempre era él quien llamaba, era él el de los obsequios, el de los halagos, el que la buscaba todo el tiempo para hablar de algo que ella no quería oír. Le he hecho un favor. Ella no vendrá hoy. Mañana tampoco. Ni pasado mañana.

Pero qué bueno es esto de sentirse libre

Pero qué bueno es esto de sentirse libre. He resuelto el problema de Vera. Ha sido tan fácil. Ella siempre me ponía muy nervioso. No era yo. La incertidumbre pesaba demasiado. Hay que seguir un camino, el de las intuiciones. Una acertada decisión. Instintiva. Me la acabo de merendar.

Te acercas

Te acercas. Le hablas. Ignoras si te escucha con placer o la estás molestando. Ha levantado un muro y no eres capaz de ver lo que hay detrás. Unas veces continúas la conversación. Otras te resulta imposible: te callas y te marchas. Yo lo veo todo desde donde estoy sentado. Me gustaría ayudarte, pero los no vivos también tenemos ojos y también estamos ciegos.

Sucedió en un andén

Sucedió en un andén. Una humana que me pareció muy hermosa se fijó en mí. Enseguida adivinó que yo era un zombi. Primero me miró con curiosidad. Luego con placer. Luego con deseo. Llegó un punto en el que entendió. Me miró con ojos vidriosos. Luego con ojos de renuncia. Por último, los apartó.

Bancos Zombis

Bancos Zombis. Existen. No me los he inventado. Entidades financieras que siguen operando aunque son insolventes, con un patrimonio inferior a cero. No queda espacio libre en el infierno, por eso los sacaron de allí y los colocaron en la tierra. De ahí la crisis.

ResurrectionZ

ResurrectionZ. En esta peli, los humanos devorados por zombis vuelven a la vida y tratan de reintegrarse en la sociedad que los dio por muertos. Pretenciosa. El mensaje social de la cinta se queda en nada. Gana el humor, algo nietzscheano. El eterno retorno: te comes un filete, vuelve a aparecer en el plato, te lo comes por segunda vez, otra vez en el plato, y luego otra, y otra, y otra. Al final vomitas.

Mi novia humana

Mi novia humana. Curioso título para una película. Un no vivo de gustos algo raros se empeña en mantener un esperpéntico idilio con un trozo de carne en un mundo de muertos vivientes. Voy a reventar el final: el día de la boda, los invitados del novio se la comen.