Despertarla. Como si todo fuera un mal sueño. Como si Vera pudiera recuperar su trabajo. Como si ella pudiera volver a andar por la calle sin que las bandas de zetas no fueran a violarla y torturarla antes de lo siguiente. Abro una ventana. Antes de que transcurran diez minutos, escuchamos gritos. Vera encoge las piernas, las abraza con sus manos y dice: De acuerdo, me quedaré, cierra. Oh, Vera, mi Vera, si tus brazos fueran los míos, si yo pudiera plegarme y envolverme en ellos.
Estudio prospectivo
Estudio prospectivo acerca de nuestro actual modelo de vida: no hay recursos para soportar a largo plazo la actual demanda de humanos: excesivo y caprichoso consumo de carne, infestaciones indiscriminadas de personas que se transforman en zombis. Sólo falta que cada zombi quiera tener coche propio, una televisión de plasma y vacaciones anuales en algún destino exótico, todo a buen precio.
Catástrofe
Catástrofe zombi. La población zombi aumenta con rapidez. Al mismo tiempo, la población humana desciende. El incremento zombi y el vaciamiento de las despensas humanas son directamente proporcionales. No hay que ser un genio de las matemáticas ni de la economía de subsistencia para adivinar que llegará un momento en el que nos quedaremos sin comida.
Guardamos un bien precioso
Guardamos un bien precioso, dice Sebastián, ya que por dentro somos libres, no como ellos. Oímos gritos. Sebastián detiene su discurso y se asoma por la ventana. Contempla una escena que yo no veo desde donde estoy sentado. No me asomo, puedo imaginar qué ocurre. Mi amigo suspira y concluye diciendo: Vivir en silencio, día a día, y mamar despacio, eso es lo que hacíamos, pero ahora... los nuevos zetas revientan los pechos a puñaladas, y las pasiones son extremas.
Distancia
Distancia zombi. Expresa el alejamiento afectivo entre humanos y zombis. Intervalos de tiempo, por ejemplo, ausencias de un mes. Desafecto, medido entre dos puntos, H y Z, y creo que con situar una mesa entre H y Z es suficiente. La suma de tiempo, distancia, desconfianza e incomunicación da como resultado cero o infinito. Al menos yo apliqué la fórmula con mi humana, Vera, y la primera vez obtuve un cero. Y la segunda, salió infinito.
Desde fuera
Desde fuera dicen que no existimos, que esto no está pasando. Hablo de otros países. De sus periódicos, radios y televisiones. Cuando alguien se atreve a mencionar que aquí existe una campaña subterránea de los zombis contra los humanos, la conclusión de los de fuera es siempre la misma: no es verdad, no puede ser verdad. Y si alguien pregunta qué está diezmando nuestra población de humanos, la respuesta que recibe es que nadie está desapareciendo.
Zetas que se adueñan
Zetas que se adueñan de algunas casas. Eligen una pareja. A ella la atan a la cama. A él lo atan a algún mueble de la cocina. Luego el zeta se divierte en el dormitorio. Y mientras, el humano prepara comida para la mujer, al menos mientras conserva las manos. Cuando el zeta se aburre, abandona la casa, que deja vacía, y busca otra.
Confusión zombi
Confusión zombi es gritarle a una humana como si fueras a romperla con tus frases hirientes, y recibir parecidos reproches, y sentir luego cómo tus ojos caen hacia atrás, cómo te los tragas y cómo llegan al estómago, donde los ácidos los disuelven, y a continuación abrazarla y besarla como si quisieras comerte sus dientes y su lengua.
Mi madre
Mi madre se enteró de que yo andaba detrás de una humana y convocó una reunión familiar. Es algo que pasó hace tiempo, pero aún recuerdo cada palabra: no es para ti, dónde vas con alguien como ella, tú no lo has pensado bien, te estás equivocando. Mi madre señaló el plato para picar que había sobre la mesa y añadió: Lo peor es que no es la primera vez que lo haces, y luego somos nosotros los que tenemos que solucionarlo.
Hasta cuándo
¿Hasta cuándo me vas a tener aquí encerrada? ¿Vas a seguir mintiéndote, vas a seguir diciendo que lo haces por mí?, me pregunta Vera. Le enseño los periódicos. Terrorzombi. Serpientezombi. La ciudad es nuestra, como tantas otras. Hemos salido a la luz. Nos extendemos tan rápida y letalmente como un virus. Ella me deja hablar, y luego repite: ¿Hasta cuándo?
Volvieron a preguntarme
Volvieron a preguntarme por Vera y volví a mentir, de nuevo aseguré que me la había comido. Volvieron a darme palmadas en el hombro y volví a dedicarles la misma sonrisa cobarde.
Todavía
Todavía hay quienes se organizan y persiguen y disparan a los zombis a la cabeza, pero cada vez son menos, y sólo atacan a oscuras y en grupo, y escogen como víctimas a los zombis más débiles, como hacíamos nosotros antes, solo que ahora son ellos los violentos, los asociales, los peligrosos, y nuestras cacerías de humanos se consideran legales.
No sé por qué
No sé por qué los perros ladran cuando pasamos cerca de ellos, como si nadie más mordiera, aparte de nosotros, me dijo el Z de las botas altas. Mientras, un guiñapo que parecía un hombre trataba de levantarse. Justo a sus pies.
Gafas de sol
Gafas de sol. Olor a cloro de piscina. Bikini amarillo y rosa. Cielo limpio. Cerveza junto a la hamaca. Y unos auriculares. Imprescindibles. Una de las bandas Z había entrado en el chalet de al lado. Ya casi no se oían los gritos.
Cavé en la arena
Cavé en la arena y construí un refugio, un agujero de veinte metros cuadrados y seis de profundidad en el que escondí a Vera. Una banda de zombis la miraba desde lo alto. Ninguno se atrevió a saltar. Enseguida supe por qué. Empezó a subir la marea y el suelo del refugio se embarró y transformó en unas arenas movedizas. Desperté cuando me decidí a saltar al hoyo, de manera que no sabré cómo termina esa situación, si salvaré a Vera o ambos nos hundiremos.
Como un humano cualquiera
Como un humano cualquiera. Perplejo. Indeciso. Inquieto. Asustado. Temblón. Todo agoniza como una ciénaga triste. Hace muy poco, de noche, me asomé por una ventana. No contaré lo que vi ni lo que oí. Me dije que no me marcharía. Permaneceré en estas calles desheredadas. Son de los míos.
Después de cerrar la ventana, me acosté y soñé con una inundación. Sabía que mis manos nunca contendrían el agua. Recogerían un caudal tan ínfimo que me lo podría beber de un sorbo.
Después de cerrar la ventana, me acosté y soñé con una inundación. Sabía que mis manos nunca contendrían el agua. Recogerían un caudal tan ínfimo que me lo podría beber de un sorbo.
Parecen predicadores
Parecen predicadores. Analizan la nueva época zombi. Tartamudean delante de la verdad. Escriben palabras tan pasteurizadas como las de los diarios humanos. Se ocultan. Aguan los pensamientos. Inventan héroes zombis imposibles, incluso para universos de ficción. Pero no son sólo ellos, no me engaño. Durante estas semanas, las de las noches de las serpientes, todos nos comportamos como niños y nadie dice lo que piensa.
Oigo el aullido de la sangre
Oigo el aullido de la sangre. Es una noche roja. Las bandas zombis encierran a los barrios dentro de un puño, y el cielo, cárdeno, nos da la espalda. Un clamor vehemente y lastimoso, el de una multitud escondida tras los cristales que, antes que otra cosa, quiere pasar desapercibida, y unas ranas en las alcantarillas que croan como si quisieran escapar de la humedad oscura y echar a volar. Territorios que pertenecen a los zombis, marcados como se marcan las reses, y silencios que saben a leche cortada. Algunos llaman a esta época la de las noches de las serpientes.
Dentro y fuera
Dentro y fuera. El equipo publicitario de Z Pop me pide que haga reír aún más fuerte a los zombis con mis frases. De modo que escribo: Muerto el hombre, se acabó la rabia zombi. Y mientras pienso: Como si fuera polvo de los caminos. Y luego escribo: Los zombis que no consiguen atrapar a un humano fingen que iban tras una hoja seca. Y mientras pienso: Cualquiera me derrumbaría sin armas, bastaría con soplar.
Más gracias para Z
Más gracias para Z Pop. Todo está infestado de bromas suyas:
Errar es zombi, perdonar a los humanos no.
Podemos juzgar el corazón de un zombi en función de cómo devora a los vivos.
Dios hizo que la especie evolucionara del siguiente modo: cogió una costilla de Adán y creó al zombi.
No importa el dinero, tener humanos te hace rico.
Quienes odian a los zombis, volverán como humanos en su siguiente reencarnación.
Errar es zombi, perdonar a los humanos no.
Podemos juzgar el corazón de un zombi en función de cómo devora a los vivos.
Dios hizo que la especie evolucionara del siguiente modo: cogió una costilla de Adán y creó al zombi.
No importa el dinero, tener humanos te hace rico.
Quienes odian a los zombis, volverán como humanos en su siguiente reencarnación.
Opciones
Opciones de menú zombi. Usted considera a los humanos (esencialmente): a) bolsas de patatas fritas, b) huesos buenos para el perro, c) juguetes sexuales, d) a y c son correctas, aunque no en ese orden.
Le preguntaría si
Le preguntaría si resistirá cualquier proposición que pueda hacerle, si todo morirá en el tiempo. O de otro modo: le preguntaría a Vera si el mar, ese que ahora no puede ver escondida en este zulozombi, siempre lo contemplará impasible.
Le preguntaría cómo
Le preguntaría cómo yo, zombi hosco y cerrado, me abrí de par en par, y cómo ella, más abierta y espontánea, se escondió. Tal vez yo, que lo lamento, sea la razón de esa jaula. Pero Vera debe entender que es por su bien por lo que está encerrada en una buhardilla sin luz. Veo cómo se extingue. Y yo me arrugo, como una hoja de papel antes blanca y alisada.
Malos tiempos
Malos tiempos para las relaciones zombihumanas. A él, un zombi, lo ataron al radiador, y a ella, una humana, la despiezaron y devoraron delante de él. ¿Te parece bonito retozar con la comida?, le preguntaron al zombi. Luego le abrieron la boca y le obligaron a tragar uno de los trozos.
La carne era de cordero
La carne era de cordero. Lo demás, a Vera le resultó bastante familiar: el sabor de la cebolla, el pimiento y el comino en el caldo, las patatas hervidas y las legumbres. Dio buena cuenta de la adafina, hasta acabarla. De postre tomó frutos secos con miel. Yo me excusé. Le dije que no tenía hambre. Aunque sea mentira, me gustaría terminar diciendo que luego hicimos el amor.
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