Tu cuerpo te pide más cama

Tu cuerpo te pide más cama. Dásela. Es mejor para tu trabajo. Si no vas hoy, mañana vas a rendir el doble. Dios. Qué mareo. Pero ¿qué bebiste? Es como si levitaras. Como si pesaras menos. No te atreves. A levantar el edredón y mirar.

Quedas con los de siempre

Quedas con los de siempre. Entras en un local y disparas la edad media. Toda la música te suena a algo ya oído. Todas las bebidas saben igual. Todos los que se te acercan quieren lo mismo y dicen lo mismo. No te agobies. Entramos en el local. Los gritos suenan a algo ya oído. Todos suplicáis lo mismo y sabéis a lo mismo. Ahora todo lo ves diferente.


Se disparó el número

Se disparó el número de pisos sin ocupar. Cayeron las ventas. La crisis. Al mismo tiempo, aumentó el número de desaparecidos. Los llevamos a esos inmuebles muertos. Ahora hay menos esquinas limpias en esos pisos vacíos.

La nueva guitarra

La nueva guitarra, con nuevas cuerdas, salpicó a las primeras filas cuando Z Pop empezó su concierto. Estábamos hartos de malos músicos aporreando guitarras convencionales. Por eso inventamos algo diferente.

Apalearon a un zombi

Apalearon a un zombi hasta matarlo. Luego lo vistieron de espantapájaros y lo situaron en medio de un campo de calabazas. Organizamos una batida. Cuando terminamos, sustituimos las calabazas por cabezas. No se asustaron. Llenaron los campos de espantapájaros. Nosotros, entonces, extendimos un mapa en una mesa, medimos los campos y empezamos a calcular.

El hombre que sería declarado inocente

El hombre que sería declarado inocente caminaba por la calle acompañado de su novia. Un zombi que estaba sentado en un banco se fijó en la joven. Al hombre no le gustó que un no vivo la mirara. Volvió diez minutos más tarde. Solo. Con un hacha.

Mi día de suerte

Mi día de suerte. Pensé que el apagón arruinaría el momento, pero la luz enseguida volvió. Te aviso. Este plato no te va a gustar. No sigas leyendo. Le bajé con fuerza el pantalón del pijama, acerqué con la mano libre la batidora y pulsé el botón de encendido.

Qué no debí hacer

Qué no debí hacer: ser rendidamente obsequioso, parecer demasiado sensible, hablar de sentimientos sin hacer absolutamente nada para demostrarlos y venderme mucho.
La prostituta de treinta euros no tuvo compasión a la hora de retratarme. Como si conociera de qué iba mi historia con Vera. Al menos hasta aquel momento.
Rectifica, dijo, aún estás a tiempo. Demuestra que tienes agallas. La próxima vez tráeme un brazo de ella.

Me hizo el favor de explicármelo

Me hizo el favor de explicármelo: Unas veces nos portamos como corderos y otras como leones, y ellas igual, seguro que las conociste de todas las clases, al principio todos somos tiernos, después espabilamos.
Antes de comérmelo, di por terminada su clase de psicología con una lección zombi: al principio nos molesta el que huele mal o dice demasiadas tonterías, pero después nos damos cuenta de que toda la carne sabe a lo mismo.

la cosa va de limpieza

La cosa va de limpieza. Este decía: Todas van a por esos que pillan todo el cacho que pueden, los putos flipaos con gafas de pastillero que nunca invitan ni son amables, pero luego me llaman a mí para contarme lo cabrón que ha sido el tío de turno.
Ya que hay que comer, mejor quitar de en medio también a estos. La última frase del llorón fue: ¿Por qué a mí, por qué a mí?

El de las frases hechas

El de las frases hechas: hay una sintonía única entre nosotros, tú eres mi vida, no puedo pasar el resto de mis días sin ti, etecé. Le iba bien. Pero nos daba mala fama a los demás, a los que creemos que vamos en serio. Lo busqué. Lo encontré. No podía ser de otro modo. Frases hechas hasta el final: no, por favor, por favor, no, no.

Hubo un despertar

Hubo un despertar que fue distinto. De mi conquista de la noche anterior no quedaban restos, eso estaba bien. ¿Qué pasaba entonces? Era la luz. Rojiza. Comprendí que me había quedado dormido sin antes limpiar la ventana.

Novela de gente guapa

Novela de gente guapa: en mi adolescencia zombi yo era guapísimo, por supuesto. A las chicas nuevas y guapas les recomendaban que no perdieran el tiempo conmigo. No salía con nadie. Porque ninguna de las chicas del instituto me parecía lo bastante guapetona, decían. La verdad es que salí con algunas. Eran citas secretas. Aún siguen desaparecidas.

Invitas a una chica

Invitas a una chica a salir. Acepta. Vas a recogerla en un coche viejo, sin cierre centralizado. Abres su puerta con la llave y ella entra en el coche. Das la vuelta por detrás y te fijas en lo que hace. Si espera sin moverse a que seas tú el que abra la puerta del conductor, no la invites nunca más, no te conviene. Si alarga la mano y levanta el cierre, puede ser la mujer de tu vida. Lo vi en una peli. No, no era de zombis. Vera es de las que esperaría sin moverse, no alargaría la mano hasta el cierre de la puerta. Pasar página es más sencillo de lo que parece: sólo hay que proponérselo.

Foster Wallace se suicidió

Foster Wallace se suicidió y yo no acababa de entenderlo. Un humor constante, fino y corrosivo, recorre sus libros de una punta a otra. Escribir para evitar volverse loco. Eso es algo que ya sabía. Pero ahora entiendo otra cosa. Escribir con humor es como nadar en el Atlántico, en mitad de una tormenta. Lo haces para evitar ahogarte.
Después de decir eso, Sebastián me pregunta: ¿te has comido últimamente a algún yonqui? Deberías pasar de ellos. La morfina que corre por sus venas te vuelve apático y tristón.

Instrucciones para conservar la cordura.

Instrucciones para conservar la cordura: escuchar La Consagración de la Primavera después de desayunar. Luego decir cosas estúpidas en una reunión de humanos, sin parar. También puedo callarme, que viene a ser lo mismo. Volver a escuchar La Consagración de la Primavera. Por la tarde, entrar en un centro comercial, comprar de todo y luego montarla a lo grande. Antes de ducharme e irme a la cama, otra vez, La Consagración de la Primavera.

Tres días son demasiados

Tres días son demasiados. Obligaciones, horarios, desencuentros. No podía soportarlo. Al final del tercer día, conseguí hablar unos minutos con Vera. Así tuve algo de paz. Eso me dio fuerzas para salir a la calle y arrancarles los intestinos a quienes no me importaban.

Moscas y elefantes

Moscas y elefantes. No van de la mano, no salen de noche, no se acuestan juntos. Nada hay que puedan decirse. No encuentro el modo de comprendernos, de tener intimidad. No hay nada.
La puta a la que explico esto en un callejón me dice que todos decimos lo mismo. ¿Todos los zombis decimos lo mismo?, pregunto con ironía. Hombres, zombis, todos sois iguales, responde. Pega la espalda a un muro y, de pie, abre las piernas. Treinta euros, nada de morder y no pretendas que finja, añade.

Justo antes de morir

Justo antes de morir, el poeta al que arrastré, seccioné las cuatro extremidades y escondí en una de las habitaciones, me preguntó por qué le había hecho eso. Se lo expliqué. Se entendía muy bien con Vera. Era delicado y atento. Fraternal, añadí con sorna. Pero no hice todo aquello por celos. Él tenía que aprender lo más importante. Desconocía lo que era la pasión.
A mi modo, tengo que enseñártelo, dije mientras le abría el vientre clavando y separando los dedos.

Pasión

Pasión. Ah, morderle las entrañas, las uñas, el pelo. Todo en la boca, en los dientes. Los gritos de ambos. Vera y yo. El calor. El chocar de nuestros cuerpos, y a cada golpe, un rugido.
Me despierto, lleno de rabia. Estoy solo. En mis sábanas sólo encuentro restos de mi sudor. Tengo que salir. Hacer algo para calmarme. Entro en un dormitorio. Una pareja hace el amor. Devoro a ambos.

Hoy me siento feliz

Hoy me siento feliz. He podido hablar con Vera durante un buen rato, en una cafetería. Estaba especialmente guapa, más que otros días, lo que ya es decir. Tuve que morderme la lengua. No quise estropearlo hablando de más. También tuve que hacer un esfuerzo para comer de lo que nos sirvieron a ambos. Lo de los restaurantes va a ser un problema: los Homo Sapiens no están incluidos en los menús.

De ocho a tres de cara al público

De ocho a tres de cara al público. Soy administrativo. Mi padre me recriminaba que yo era poco ambicioso. Predijo que yo acabaría así. Él era un zombi con grandes ideas y grandes principios. ¿Y de que le sirvieron? Murió durante el rodaje de La noche los muertos vivientes. Sí, terminó ganándose la vida como extra en películas de género.

La gran pregunta

La gran pregunta: ¿Dios es zombi?

De lo que se entera uno

De lo que se entera uno. Menuda guerra subterránea. Un poderoso grupo de presión con vinculaciones en el sector genético y las investigaciones con virus busca el modo de destruirnos. Pero eso de una mafia organizada de humanos que pretende combatirnos con armas químicas no es la revelación de Sebastián. Lo que yo ignoraba era que nosotros controlabábamos el sector armamentístico y promovíamos conflictos bélicos. Al parecer no sólo ganamos dinero con el negocio más rentable del planeta, sino que también os reducimos en número haciendo que os matéis entre vosotros.

Zombilobbycracia

Zombilobbycracia. Menuda palabra. Me la acaba de soltar Sebastián. Suena a supercalifragilisticexpialidocious, pero en zombi, y sin Mary Poppins.
Definición: influencia que ejerce el grupo de presión zombi en los grandes centros de decisión política del planeta. Gobierno de los zombis. Tiranía invisible de los zombis. Organización jerarquizada y rígida del lobby. Acceso al poder mediático y control del mismo.
Me callo. A Sebastián no le va a gustar que le diga que lo que de verdad me importa no es la alta política, sino llegar a fin de mes, ver el próximo capítulo de Los Sympson y mi chica, esa que no es mi chica.