Una promesa. La mujer zombi le dijo que no quería verlo más ni volver a oír sus palabras. Para estar segura de que cumpliría lo que acababa de decir, se cosió los párpados y llenó de hormigas los conductos auditivos.
El planeta estalló
El planeta estalló. Todo se esparció por el cosmos. Miles de islas de tierra, como campos de fútbol. La mujer zombi dio a luz en una. Luego se arrancó los dientes. El humano le preguntó qué comerían. Justo entonces atravesaron una nube de polvo de estrellas. Abrieron la boca y tragaron todo lo que pudieron, como si fuera plancton.
Él sació su hambre
Él sació su hambre. Pareció un acto generoso, un sacrificio, pero fue otra cosa. La mujer abrió la boca todo lo que pudo y lo engullió sin lastimarlo. Ahora, cuando está sola, se vuelve hacia el otro lado, como un guante, y se acarician desde dentro.
La luna roja
La luna roja alumbraba la superficie. La mujer zombi se sumergió en el mar y nadó hacia el fondo. Tocó la arena. Se metió un puñado en la boca. Luego se giró y le dijo a la luna que no masticaría su carne. Él era pescador. Aguardaba en el bote. La luna no concedía deseos, y cuando ella lo comprendió, decidió quedarse donde estaba, en el fondo del mar, y seguir masticando arena.
Supongo que son más inteligentes
Supongo que son más inteligentes. Ante el mismo dilema, ella, un no vivo, compró un establo que llenó de animales grandes. Antes de verlo a él, un hombre corriente, entraba en el establo y comía hasta que sentía náuseas.
Ella hizo algo diferente
Ella hizo algo diferente. Ella era un no vivo y él, humano. Una noche quedaron en una playa. Se abrazaron y se tumbaron y se dijeron cosas y gimieron en la arena, aún caliente. No lo devoró porque se había cosido los labios.
Peleaban por la custodia
Peleaban por la custodia de sus tres hijas. Una noche se encerraron con ellas en casa y por fin llegaron a un acuerdo. Dividieron sus trozos en dos montones que pesaban exactamente lo mismo.
El chico la espera sentado
El chico la espera sentado. Tuvo su oportunidad, pero la desperdició. Perdió la batalla hace semanas, pero no lo sabe: siempre era él quien llamaba, era él el de los obsequios, el de los halagos, el que la buscaba todo el tiempo para hablar de algo que ella no quería oír. Le he hecho un favor. Ella no vendrá hoy. Mañana tampoco. Ni pasado mañana.
Pero qué bueno es esto de sentirse libre
Pero qué bueno es esto de sentirse libre. He resuelto el problema de Vera. Ha sido tan fácil. Ella siempre me ponía muy nervioso. No era yo. La incertidumbre pesaba demasiado. Hay que seguir un camino, el de las intuiciones. Una acertada decisión. Instintiva. Me la acabo de merendar.
Te acercas
Te acercas. Le hablas. Ignoras si te escucha con placer o la estás molestando. Ha levantado un muro y no eres capaz de ver lo que hay detrás. Unas veces continúas la conversación. Otras te resulta imposible: te callas y te marchas. Yo lo veo todo desde donde estoy sentado. Me gustaría ayudarte, pero los no vivos también tenemos ojos y también estamos ciegos.
Sucedió en un andén
Sucedió en un andén. Una humana que me pareció muy hermosa se fijó en mí. Enseguida adivinó que yo era un zombi. Primero me miró con curiosidad. Luego con placer. Luego con deseo. Llegó un punto en el que entendió. Me miró con ojos vidriosos. Luego con ojos de renuncia. Por último, los apartó.
Bancos Zombis
Bancos Zombis. Existen. No me los he inventado. Entidades financieras que siguen operando aunque son insolventes, con un patrimonio inferior a cero. No queda espacio libre en el infierno, por eso los sacaron de allí y los colocaron en la tierra. De ahí la crisis.
ResurrectionZ
ResurrectionZ. En esta peli, los humanos devorados por zombis vuelven a la vida y tratan de reintegrarse en la sociedad que los dio por muertos. Pretenciosa. El mensaje social de la cinta se queda en nada. Gana el humor, algo nietzscheano. El eterno retorno: te comes un filete, vuelve a aparecer en el plato, te lo comes por segunda vez, otra vez en el plato, y luego otra, y otra, y otra. Al final vomitas.
Mi novia humana
Mi novia humana. Curioso título para una película. Un no vivo de gustos algo raros se empeña en mantener un esperpéntico idilio con un trozo de carne en un mundo de muertos vivientes. Voy a reventar el final: el día de la boda, los invitados del novio se la comen.
Dos ventanas
Dos ventanas, la de Vera y la mía. Entre una y otra, un espacio insalvable. La miro a través del cristal. No la entiendo. Ella parece que tampoco comprende qué ocurre. O tal vez imagino que ella sufre el mismo estupor. Esto no es bueno. Compro un gancho, una pértiga, un manual para aprender a mantener el equilibrio y un hilo de funambulista. No sé para qué, si padezco de vértigo. Tal vez para que la distancia parezca más fácil de sortear.
Historia de Cualquiera
Historia de Cualquiera: naces, embadurnado en sangre, sientes frío, te palmean, lloras, mamas, comes, duermes, juegas, y un día te sientes confundido, te quemas, desconfías y discrepas, pero acabas entregándote, vas a estallar de lo que te arden los dedos, luego intimas, confías, aunque ya no te abrasas, por último te tranquilizas, aceptas, comprendes, te arrimas a las ascuas que aún quedan, y un buen día te encuentras conmigo por azar, sientes frío, te embadurno en sangre, mueres.
Historia de Gurqui
Historia de Gurqui: un zombi que se enamoró del póster de una actriz. Estaba colgado en una habitación, enfrente de donde él vivía. Llegó a cantarle serenatas. Así, como suena. Ni siquiera se trataba de que se hubiera encaprichado de la comida. Era peor. Adoraba esa fotografía en concreto, no otra. Cuando el que allí vivía se deshizo del póster, Gurqui cruzó la calle. Los vecinos aún recuerdan los gritos.
Historia de Cucucho
Historia de Cucucho. Va de un no vivo que se fija en un filete. Otra historia como la mía. Formamos una comunidad, al estilo de Alcohólicos Anónimos o Trankimazines Anónimos. Su caso es distinto. Sentía adoración por un gato. Un día, unos chavales colgaron al animal de un árbol, lo rociaron de gasolina y le prendieron fuego. Una diversión como otra cualquiera. Cucucho lloró mucho, pero eso fue después de decorar el mismo árbol con los chicos, colgados de la misma manera y bañados en el mismo combustible.
Un caso particular
Un caso particular. Lo denunció varias veces. Una, por morderle el antebrazo. Otra, al perder el cuarto dedo de la mano derecha. Otra, por arrancarle parcialmente un pecho. Desgarros en muslos, abdomen, pantorrillas y en un hombro. Ahora, a los dos años y medio, le han soltado del psiquiátrico. Han ingresado en su lugar a la mujer. No estaba enfermo. No se creía un zombi. Al parecer, era ella la que se provocaba las lesiones.
Volaron piedras
Volaron piedras. Se rompieron los cristales de muchos comercios. Los antidisturbios tuvieron que disparar cientos de pelotas de goma. Los futbolistas corrieron como locos y lograron escapar del campo, donde los habían encerrado con una jauría de zombis. No hubo sangre. Y cien mil espectadores decepcionados son muchos.
A tiros
A tiros. Asi lo mataron. Iba a entrar en la clínica obstétrica cuando dos desconocidos le dispararon. Antes de huir, los asesinos dejaron unas octavillas en el suelo: Muerte a los abortistas que trabajan con los dientes.
Murió un concursante
Murió un concursante. Todos lo hemos visto por televisión. ViveZ. Una isla. Tres refugios. Veintidós zombis. Diez participantes. Ahora, uno menos. Quedan seis.
Vivía con dieciocho gatos
Vivía con dieciocho gatos. No era nadie, pero estaba bien. Un día, saltó a la fama. La aplaudieron mucho durante mucho tiempo. Pero perdió la final de un concurso millonario. Le explicaron que el segundo es el primero de los perdedores. Poco después, la policía recibió una llamada anónima. La cantante aficionada ya no estaba bien. Vivía sin gatos. Y había decorado el salón de su casa con metros y metros de guirnaldas rojas.
Un hecho histórico
Un hecho histórico. Unos zombis mordieron a unos cruzados. Los transformaron en no vivos a los pies de una atalaya. Otro mordió a un soldado que orinaba sobre la escultura de una virgen. Y otro a un judío converso que había pintado la espalda de cierta torre. Rodearon a un árabe que amenazó a todos en siete lenguas diferentes. Antes de que lo despedazaran, dijo algo sobre los miserables que deambulábamos sin memoria por calles enclaustradas. Estábamos hechos del material deleznable que consume las fachadas antiguas.
Una pesadilla
Una pesadilla. El agua de un río desbordó los márgenes. Destrozó el entibo de un puente y hundió el arco. Anegó un molino. Unos perros se ahogaron. Un viejo también se ahogó. El cielo, entonces, se llenó de nubes. Poco después empezaron a llover muertos en vida. Se estrellaban contra el suelo, hacían pedazos los tejados, chocaban contra las personas y las hundían. Huesos blancos. Tierra roja y charcos rojos. Todo lo limpió el agua.
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