Sucedió un 18 de julio

Sucedió un 18 de julio. Estaban sitiados. Y asustados. La radio escupió el encendido discurso de una diputada. Animaba a cerrar el paso a la jauría que pretendía asolar las calles de Madrid. Gritó: No pasarán. El resto también es historia: pasamos. A unos nos los comimos y a otros los transformamos en zombis.

Estamos haciendo historia

Estamos haciendo historia. Y algo más: estamos reescribiéndola. Un departamento trabaja para Z Pop sin descanso. Un ejemplo. El gran jefe sioux Tasunka Witko era un zombi. Guió a varias tribus durante la gloriosa batalla de Little Big Horn. Un arrogante general humano creyó que su Séptimo de Caballería era suficiente para derrotar a una partida de indios zombis rebeldes. El resto es conocido por todos: fueron devorados, caballos y hombres.

Suena un teléfono

Suena un teléfono. Da igual dónde. Ni de quién sea. Ni lo que quiere quien sea que llame. Uno, dos, tres timbres, y salta el machacón estribillo, el que está en todas partes, el de la canción de moda: algo acerca de un humano muerto y un zombi feliz, y luego un grito largo y agudo.

J. S. Bach

J. S. Bach se puso guantes negros para componer una misa de zombis. Según la nueva biografía oficial de Bach, los no muertos se levantaban al escuchar el Agnus Dei.

Cómo puedes estar tan ciego

Cómo puedes estar tan ciego. La mujer zombi de la que hablas es como todas. Te engatusa. Escúchame. Son unas lagartas, sin excepciones. Las que van de tigresa y las que van de mosquita muerta. Todas.
Sebastián intentaba hacerme entrar en razón con ese nuevo argumento. Él es un soltero impenitente. Nunca me lo ha contado. Le da vergüenza. Pero sé que cuando era joven, le hirieron. Desde entonces tiene la cabeza fría y las ideas muy claras.

La casilla

La casilla que hay que marcar en la Declaración de Hacienda es la contraria. Antes sufragámos los sueldos y la asistencia médica de la Iglesia del Cielo Eterno. A eso se destinaba el 70% de lo recaudado. El 30% restante era para fines sociales. Ahora, en lugar del sostener a feligreses con ideas antizombis, mantenemos el aparato publicitario de Z Pop.

El Cardenal

El Cardenal de La Iglesia del Cielo Eterno hizo unas declaraciones rotundas. Esta sociedad está enferma. La causa del mal es la nueva normativa que recomienda retirar los crucifijos de los edificios públicos. El nombre de esta nueva enfermedad es Cristofobia Zombi.
Fijarlo en una cruz y luego devorarlo habría convertido al Cardenal en un mártir, de manera que Z Pop ordenó a los miembros de una de las bandas que se limitaran a mordisquearle las pantorrillas. Un día después el Cardenal se había transformado en uno de los nuestros y atacaba con más rabia que nadie a sus antiguos feligreses.

Instrucciones sobre bioética

Instrucciones sobre bioética: la Iglesia del Cielo Eterno pretendía cerrar el debate sobre la curación de los zombis con el siguiente argumento: como no hay un tratamiento efectivo, debían exterminarnos. Ya hemos puesto nosotros los puntos sobre las íes con un artículo titulado Dignitate Zombi. Feligreses del Cielo Eterno: no necesitamos curación porque no estamos enfermos, comemos lo que nos gusta, feligreses del Cielo Eterno incluidos.

El primero de la lista

El primero de la lista: la Iglesia del Cielo Eterno. La lista es más numerosa cada día porque los enemigos del pueblo zombi son incontables (de hecho, yo ignoraba que tuviéramos tantos, pero Z Pop me ha abierto los ojos). Las recomendaciones son claras: primero, encerrar a los creyentes en sus sagrados recintos; luego, saltar sobre ellos y darse un festín.

Cómo puedes oír eso

Cómo puedes oír eso, me pregunta Sebastián. Se refiere a uno de los discursos de Z Pop. Esto es lo que dice nuestro líder: Los zombis no vamos a desaparecer. Todo lo contrario. Nuestro número va en aumento. Nos llaman bárbaros. Nos acusan de inmorales. Pero no vamos a tolerar más mentiras. Ellos son el cáncer. Gritad conmigo. Ellos son el cáncer.

Ajedrez zombi

Ajedrez zombi. Las figuras blancas son las de siempre, rey, reina, álfil, caballo, torre, peón, y se mueven como siempre. Las negras, en cambio, son todas exactamente iguales y se desplazan del mismo modo: parecen álfiles y avanzan a la vez de casilla en casilla hacia el otro lado del tablero, con constancia y sin misericordia.

La premisa es la misma

La premisa es la misma en todos los juegos que Z Pop lanzó al mercado: cámara subjetiva, primera persona, varios tipos de humanos rabiosos que intentan descabezarte y toda clase de dientes fuertes y sanos con los que cortar, desgarrar y masticar, además de un botiquín de dentista.

Human Horde

Human Horde. Vives aislado, en una granja. Los humanos intentan entrar. Por las ventanas. Por la puerta. Por el coqueto tejado dos aguas que con tanto esfuerzo instalaste. Incluso están cavando un túnel, para poder llegar a ti desde abajo.
Es otro juego: trata de destruir la mayor cantidad que puedas de esos inmundos invasores antes de que sea demasiado tarde.

Los humanos se han escapado

Los humanos se han escapado y han invadido la ciudad. Tú y tu boca zombi debéis acabar con todos.
Lo más curioso de este juego es que lo venden para las consolas de los niños, no para las de los zombis.

Cómo es que no has ido

Cómo es que no has ido tú tambien a la manifestación, le pregunto. Sebastián me mira con miedo. Una vez quiso decir algo en una reunión. Una llamada a la paz, a la cordura, a la tolerancia. Algo así. Le apretaron la nuez con fuerza y no le salieron las palabras. Apenas podía respirar. Y no se ha atrevido a intentarlo de nuevo.

Esas bocinas chillonas

Esas bocinas chillonas de autos que se oyen no son bocinas de autos. Son los gritos de los zombis que han ido a la manifestación. Ya estamos llegando.

Visten camisetas negras

Visten camisetas negras con eslóganes antihumanos. Las ventanas de los edificios están cerradas. Nadie se asoma y nadie se atreve a salir a la calle. Nuestras pancartas avisan: "Esto no es una elección, es una selección". Algunos llevan fotos de nuestro líder, Z Pop.

El miedo

El miedo se palpa en el aire. Un hombre de veinticinco años porta un cartel en el que se lee: "¿Dónde está mi voto?" Es un estudiante. No veo más humanos que se atrevan a protestar. Antes de que llegue la policía, una de las bandas zombis que acompaña a la manifestación en apoyo a Z Pop rompe el cartel. Y lo despiezan.

En una imagen

En una imagen de la televisión se ve a miles de zombis seguidores de Z Pop en la calle, celebrando el resultado electoral que dio la victoria al provocador cantante. Lo que gritan a coro es un haiku: Os llevaremos / de las orejas a / los mataderos. Y hay hasta alguien (un humano) a quien el poema le hace gracia.

Cómo puedes oscilar

Cómo puedes oscilar de esa manera, de un extremo a otro. De pronto pareces de buen humor, incluso feliz, pero enseguida te abandonas a la apatía. Encuentra el equilibrio de una vez. La verdad, da la impresión de que haces todo lo posible para caer en lo más hondo, dice Sebastián.
Algunos lo llaman zombineurosis. Consiste en alejarse del punto medio que tanto entusiasma a mi amigo. Y sucede otra cosa. El péndulo del que habla tiene una cuchilla y hace tiempo que desgarra todo lo que encuentra a su paso. Como si fuera el de un cuento de Poe.

Un atlas

Un atlas muestra un cuerpo de mujer partido en dos. A la derecha, los músculos de brazos y piernas, un pulmón visible, el hígado, la mitad del colon, y un ovario con su trompa, y la mitad de los dientes, y un globo ocular. A la izquierda, la mitad de una boca plácida de labios algo gruesos, un ojo cerrado en el que se adivina cierta melancolía, la mitad de una melena negra recogida hacia atrás y una mano de dedos abiertos dejada caer sobre un muslo que parece de cobre. Es Vera. Y también la mujer zombi de mi diario (así lo escribo, como si solo hubiera una).

Es ahora cuando entiendo

Es ahora cuando entiendo lo sola que estaba. Devoré a algunos de sus compañeros ocasionales y Vera nunca los echó de menos. A su manera, gritaba. No era el chillido desencajado, agudo y penetrante de un zombi hambriento, sino uno ausente, silencioso, que interpreté entonces como desinterés. Ese fue mi error.

Mi silencio

Mi silencio convocaba otro silencio, el suyo. Un acercamiento por mi parte iba seguido de otro por parte de ella. Como bolas metálicas alineadas y sujetas por una cuerda: nos empujábamos, después de haber sufrido el mismo vaivén. No me engaño. Tenía cosas de niña. Pero nada puedo recriminarle. Sí, estábamos confundidos. Y casi siempre, hipersensibles. Además, Vera no había tratado antes con zombis. Era de las que cerraba los ojos, como si así pudiéramos desaparecer.

Migraña

Migraña, algo que lo absorbe todo. Tus ganas de hablar. El hambre, que desaparece por completo. El sueño, al que también mata. La melancolía, que se aleja hacia el fondo y se vuelve invisible. Los zombis también tienen crisis de migraña. La cara de descomposición es la misma. Mi ropa tiene justo en este momento una crisis de migraña, y el sofá otra, y las paredes. Y las aceras, y las alcantarillas, y las farolas. Y la luz oscura del cielo, migrañoso, melancólico, sin sueño, desganado.

Cómo puedes haberte olvidado

Cómo puedes haberte olvidado tan rápido de Vera. Cómo te has encaprichado tan rápido de otra. Cómo es que ahora dices que todo tiene sentido. Es que no lo entiendo.
Sebastián intentaba entrar en mí, buscar en mi interior zombi, encontrar una respuesta que satisfaciera su lógica, su racional modo de ver el mundo. Creo que en el fondo adivinaba que yo por dentro era un caos, que ardía y gritaba tanto como el planeta.