DZ 16

Bi

Bi
sel cortado caído
mujerzombi
en tus manos ciegas
Be
so abierto al mar que era alas
y era golpe
Bo
rrándote de la superficie
del agua siempre roja
siempre inquieta

Zom

Zom
bi es el alma
blanca de las palomas extintas
Zom
bi es el rojo
cordón que cuelga de los labios
Zom
bi es la luna
roja de las olas desoladas

Ro

Ro
bó al despertar a la razón y al hambre
Se ocultó donde solo hay arena
flaca y seca
Encadenó los puntos y las comas
donde solo hay metamorfosis
Mujerzombi
error y pulso de mi existencia

De

De
s
pídete mujerzombi
de los ojos
amarillos por la sal y la arena y el brillo del sol y del aire
Se vuelven grises y luego negros de tanto abrirlos

Ta

Ta
r
de que se perdió entre espirales de soledad
Sería un error buscarte
mujerzombi
entre la arena

Ma

Ma
s
pequeña
es la sangre cuando arde y deja de existir
Mujerzombi entre las torres y sobre los muros
Esto es un sueño
De luz amarilla la de las farolas despiertas

DZ 15

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 6

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 6: ¿Qué tal? ¿Vale así? ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Que ahora viene un turno de preguntas? Nadie me dijo nada de un turno de preguntas. La primera. La grandeza de una nación zombi se mide en cómo trata a los humanos, ¿qué opinas? ¿Eso lo dijo nuestro líder? No sé, no me lo acabo de creer. ¿Que qué opino? Pues no sé. Me pilla descolocado. Lo que diga no va a quedar tan bien como lo anterior. Como lo que tenía escrito, quiero decir. Ya me entiende. Porque ha quedado bien, ¿no?

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 5

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 5: Una vez tuve la ocurrencia de poner música. La cabalgata de las valquirias, como en la peli de Coppola. ¿La ha visto? Me refiero a la escena en la que los helicópteros arrasan un poblado vietnamita. Pues algo parecido. Trombones a toda hostia, platillos y tías gritando como posesas. Menudo subidón. Luego hubo que limpiar las paredes y el techo. Aquello fue lo más parecido a una fiesta salvaje. Y a los dos días vino un inspector zombi, un tipo muy estirado, y nos dijo que no nos iban a permitir hacerlo más. Sí, ya lo sé. Aún me lo pregunto. ¿Cómo se enterarían?

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 4

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 4: Una vez nos trajeron a uno con pinta de abuelito que nunca había roto un plato. Lo pusimos en la fila, y ¿sabe lo que hizo? Empezó a chillarnos. El viejo nos montó una bronca de las buenas. No se lo puede imaginar. Aunque se lo cuente, tendría que haberlo visto. Él sabía de eso. Mejor que nosotros. Había participado en masacres, se había deshecho de miles de personas como quien chasquea los dedos. Primero dijo que éramos unos chapuceros, y luego, que alguien como él no podía acabar así, en una fila, con los demás. Lo último que alegó, antes de que lo descuartizáramos, fueron problemas de salud. Dada su edad avanzada y su frágil estado, sería una tortura inadmisible lo que planeábamos hacerle. Lo que oye.

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 3

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 3: Hubo un guardián que hizo una tontería bastante gorda. Se fijó en una humana. Ya sabe. No para comer, creo que me entiende. Pues la iban a sacrificar, pero el guardián la apartó de la fila y la escondió. ¿Sabe dónde? En el depósito de sangre, el que está en el centro de la sala de atronamiento. Se inició el festín y, claro, los carriles de desangrado empezaron a llenar el depósito. Ya se puede imaginar el resto. La mujer se ahogó. Cuando se dieron cuenta y la sacaron, era lo más parecido a un dulce cubierto de chocolate.

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 2

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 2: Pensé que quedaría mejor escribir la historia y luego leerla. Mejor que contarla, ya me entiende. ¿No importa que lo haga así, verdad? Se me da mejor. Yo escribo, no sé si lo había comentado antes. No, no me gano la vida con eso. Me gusta, ya me entiende. Le puedo dejar una copia si quiere. El texto está revisado, ortográfica y gramaticalmente. ¿Empiezo? ¿Cuándo yo quiera? Pues vale, allá voy. Cómo Deshacerse de Novecientos Noventa y Nueve Humanos Sin Usar El Horno Crematorio. Sí, ese el título. Novecientos noventa y nueve. Falta uno, claro. Es que al final hago un chiste con el último. ¿Cree que el título está bien?

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 1

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 1: Sí, también. Sí, tengo estudios universitarios. Pues sé que suena ridículo, pero creo en esa historia. Ya sabe. La leyenda urbana de los humanos que están podridos por un virus antizombi. Según dicen, si los devoras, tu cuerpo se convierte en polvo. Te deshaces, como si fueras de arena. Para detectarlos, hay que meterles un dedo en un vaso de aceite. Si el aceite salta del vaso, están infectados por el virus antizombi, y en ese caso, hay que quemarlos vivos, nunca comérselos. Ya lo habrá oído antes, ¿no?

DZ 14

Transición zombi.

Transición zombi. Dícese del estado confuso en el que se encuentra un zombi que es y no quisiera ser, que desea ser otro y también teme convertirse en algo diferente. De quien está cansado de desempeñar un papel, el de zombi pulcro, idealista y con principios. En esta etapa de la vida, el zombi se da cuenta de que es tan vulgar, caprichoso, indeciso y torpe como cualquier humano.

Resumiré lo que te ocurre

Resumiré lo que te ocurre en una sinopsis de cincuenta y cinco palabras, como las que aparecen en las contracubiertas de los libros y pretenden convencerte de que compres, dice Sebastián. Luego suelta las cincuenta y cinco palabritas: Reconozco que siempre he tenido cierta antipatía por las frases lapidarias, por sentencias que se arrogan las maneras de un principio válido para cualquier zombi y circunstancia. Pero debo admitir que la expresión Conócete A Ti Mismo es una orden que una parte de ti debe estar gritando desde algún rincón escondido de tu cerebro.

Lo apagado del tiempo

Lo apagado del tiempo, el lento pasar de unas horas vacías, rivaliza con la grisura que observa a través de la ventana de su habitación, con la que se mantiene en contacto con lo visible: un cielo permanentemente mustio, los hilos de tendido eléctrico en los que por la tarde se aprietan los estorninos, la azotea de un bloque de pisos de ladrillo visto, sombreada por el humo de los coches que hasta hace poco atravesaban las calles. El tiempo zombi se ha coagulado. Y sus piernas también.

Todo me parece ahora distinto

Todo me parece ahora distinto. Ahora todo forma parte de una ensoñación. Todo con lo que me reencuentro ha cambiado, como si todo lo viera a través de un cristal con extrañas propiedades, un vidrio que deforma cada una de las imágenes y cambia, en consecuencia, lo que puedes llegar a sentir.
Después de esa confesión, la mujer zombi miró al hombre al que acababa de morder de otro modo.

Lebamis

Lebamis. Peces zombis. Son pequeños. Su cuerpo es blando. Sus bocas, grandes. Se alimentan de los desechos que flotan en la superficie del mar, como si los cadáveres en descomposición fueran el manjar más exquisito y fácil de digerir para sus estómagos. Una vez que han comido, se sumergen en las profundidades y no vuelven a emerger hasta que vuelven a sentir hambre. Hay quienes opinan que los lebamis, al igual que los delfines, sienten curiosidad por los barcos y por los que navegan en ellos, y que por eso a veces salen a la superficie. El hombre se preguntó si los lebamis que saltaban alrededor del barco le veían. Y qué es exactamente lo que esperaban. Temió que supieran mejor que él lo que iba a sucederle a la embarcación.

Jugando al ratón y al gato

Jugando al ratón y al gato. Un gato se come a un ratón, y un ratón zombi destroza al gato antes de devorarlo, y luego es un gato zombi el que engulle al ratón zombi, y más tarde un ratón zombi gigante el que da buena cuenta del gato zombi, y así sigue el cuento, que nunca se acaba.

DZ 13

Una humana, acerca de un zombi (6)

Cada vez que pienso en el zombi lo veo permanentemente recluido dentro de la empalizada que levantó entre ambos. Cualquier intento por mi parte de acceder a él fracasó. Y mi impaciencia, junto a cierta ansiedad nacida de la distancia que él impuso entre nosotros, provocó lo opuesto a lo que ambos deseábamos. Cuanto más me esforcé por ver qué había detrás de aquella maraña para mí impenetrable, más se escondió. Y así seguimos.

Una humana, acerca de un zombi (5)

He intentado varias veces precisar cuándo empecé a ver a los zombis de otro modo. Sé cuándo fui por primera vez consciente de lo que me ocurría con él, porque ese momento llegó como algo parecido a caerme y sentir un fuerte dolor tras el golpe. Pero si echo la vista atrás, si examino el tiempo transcurrido desde la primera vez que hablamos en una cafetería y el instante en el que mi estómago empezó a retorcerse a causa de la ansiedad que provoca su ausencia —su presencia lejos de mí—, todo en ese tiempo resulta equívoco. También creo que de algún modo, antes de la revelación, tanto el zombi como yo nos comportábamos como si hubiera entre nosotros algo más de lo que estábamos dispuestos a reconocer.

Una humana, acerca de un zombi (4)

De mis apresuradas notas puede suponerse que él sencillamente es un zombi tímido y joven, tímido porque es joven, o joven y como tantos inseguro y tímido, pero creo que esta conclusión no aclara las cosas, y por tanto conduce al error. Reduce al zombi al cliché que él mismo se esfuerza en aparentar y que tantos creen, porque así todo resulta más sencillo, para él, para el resto de zombis con los que se ve a diario y para mí, con quien se ve obligado a convivir debido a las extrañas circunstancias.