Tres mensajes

Tres mensajes. Un zombi había escrito en la entrada al comedor: Dejemos las mujeres bonitas a los zombis más repulsivos y las feas, a los zombis con imaginación. Una mujer zombi había escrito debajo: Dejemos que esos hombres zombis se mueran de hambre. Y un niño que se había herido en un dedo y sangraba, mientras esperaba a que le llegara su turno había escrito debajo: Quiero a mi mamá.

Si viajas

Si viajas, hazlo lejos, muy lejos, lo bastante como para olvidar quién eres y dónde estás, se dijo. Lo consiguió. Cerró los ojos y apareció lejos del matadero, en un planeta llamado Khfsnvx. Se fijó en las cuatro lunas que decoraban un cielo muy brillante. Y también en la original forma de pepino de la galaxia Wqtrp, que tenía un tamaño parecido al del sol. Y dejó de sentir dolor y de percibir dientes clavados en su abdomen.

Ella cambió

Ella cambió. Al principio parecía tímida, insegura, alguien incapaz de creer que un zombi se hubiera fijado en ella. Él la siguió durante algún tiempo, y eso provocó que la humana lo rechazara en varias ocasiones, cada vez con mayor hosquedad. Pareció entonces una reina de hielo, distante, soberbia. Quizá se había convencido de que provocaba una atracción irresistible en los zombis. Luego se extrañó al llegar al matadero de humanos: ningún zombi le prestaba especial atención. Y de nuevo se sintió más cerca de la que era antes. Porque en la fila era una más.

Una madre y su hijo

Una madre y su hijo, en la fila. Ambos están desnudos, como todos en aquella hilera que conduce al comedor, en el que darán buena cuenta de ellos. Los zombis los vigilan. Ella se lamenta en silencio. Había tenido sus oportunidades y las había dejado pasar. Había podido matar a su hijo de diversas formas, pero no se había atrevido. ¿Y ahora? ¿Ahora qué? Desnuda, en la fila, vigilada. ¿Qué puede hacer? Muy cariñosamente, coloca las manos en los hombros de su hijo, mientras trata de recordar cómo era aquel movimiento que le enseñó su padre para desnucar conejos.

DZ 16

Bi

Bi
sel cortado caído
mujerzombi
en tus manos ciegas
Be
so abierto al mar que era alas
y era golpe
Bo
rrándote de la superficie
del agua siempre roja
siempre inquieta

Zom

Zom
bi es el alma
blanca de las palomas extintas
Zom
bi es el rojo
cordón que cuelga de los labios
Zom
bi es la luna
roja de las olas desoladas

Ro

Ro
bó al despertar a la razón y al hambre
Se ocultó donde solo hay arena
flaca y seca
Encadenó los puntos y las comas
donde solo hay metamorfosis
Mujerzombi
error y pulso de mi existencia

De

De
s
pídete mujerzombi
de los ojos
amarillos por la sal y la arena y el brillo del sol y del aire
Se vuelven grises y luego negros de tanto abrirlos

Ta

Ta
r
de que se perdió entre espirales de soledad
Sería un error buscarte
mujerzombi
entre la arena

Ma

Ma
s
pequeña
es la sangre cuando arde y deja de existir
Mujerzombi entre las torres y sobre los muros
Esto es un sueño
De luz amarilla la de las farolas despiertas

DZ 15

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 6

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 6: ¿Qué tal? ¿Vale así? ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Que ahora viene un turno de preguntas? Nadie me dijo nada de un turno de preguntas. La primera. La grandeza de una nación zombi se mide en cómo trata a los humanos, ¿qué opinas? ¿Eso lo dijo nuestro líder? No sé, no me lo acabo de creer. ¿Que qué opino? Pues no sé. Me pilla descolocado. Lo que diga no va a quedar tan bien como lo anterior. Como lo que tenía escrito, quiero decir. Ya me entiende. Porque ha quedado bien, ¿no?

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 5

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 5: Una vez tuve la ocurrencia de poner música. La cabalgata de las valquirias, como en la peli de Coppola. ¿La ha visto? Me refiero a la escena en la que los helicópteros arrasan un poblado vietnamita. Pues algo parecido. Trombones a toda hostia, platillos y tías gritando como posesas. Menudo subidón. Luego hubo que limpiar las paredes y el techo. Aquello fue lo más parecido a una fiesta salvaje. Y a los dos días vino un inspector zombi, un tipo muy estirado, y nos dijo que no nos iban a permitir hacerlo más. Sí, ya lo sé. Aún me lo pregunto. ¿Cómo se enterarían?

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 4

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 4: Una vez nos trajeron a uno con pinta de abuelito que nunca había roto un plato. Lo pusimos en la fila, y ¿sabe lo que hizo? Empezó a chillarnos. El viejo nos montó una bronca de las buenas. No se lo puede imaginar. Aunque se lo cuente, tendría que haberlo visto. Él sabía de eso. Mejor que nosotros. Había participado en masacres, se había deshecho de miles de personas como quien chasquea los dedos. Primero dijo que éramos unos chapuceros, y luego, que alguien como él no podía acabar así, en una fila, con los demás. Lo último que alegó, antes de que lo descuartizáramos, fueron problemas de salud. Dada su edad avanzada y su frágil estado, sería una tortura inadmisible lo que planeábamos hacerle. Lo que oye.

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 3

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 3: Hubo un guardián que hizo una tontería bastante gorda. Se fijó en una humana. Ya sabe. No para comer, creo que me entiende. Pues la iban a sacrificar, pero el guardián la apartó de la fila y la escondió. ¿Sabe dónde? En el depósito de sangre, el que está en el centro de la sala de atronamiento. Se inició el festín y, claro, los carriles de desangrado empezaron a llenar el depósito. Ya se puede imaginar el resto. La mujer se ahogó. Cuando se dieron cuenta y la sacaron, era lo más parecido a un dulce cubierto de chocolate.

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 2

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 2: Pensé que quedaría mejor escribir la historia y luego leerla. Mejor que contarla, ya me entiende. ¿No importa que lo haga así, verdad? Se me da mejor. Yo escribo, no sé si lo había comentado antes. No, no me gano la vida con eso. Me gusta, ya me entiende. Le puedo dejar una copia si quiere. El texto está revisado, ortográfica y gramaticalmente. ¿Empiezo? ¿Cuándo yo quiera? Pues vale, allá voy. Cómo Deshacerse de Novecientos Noventa y Nueve Humanos Sin Usar El Horno Crematorio. Sí, ese el título. Novecientos noventa y nueve. Falta uno, claro. Es que al final hago un chiste con el último. ¿Cree que el título está bien?

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 1

Entrevistas a guardianes del matadero, toma 1: Sí, también. Sí, tengo estudios universitarios. Pues sé que suena ridículo, pero creo en esa historia. Ya sabe. La leyenda urbana de los humanos que están podridos por un virus antizombi. Según dicen, si los devoras, tu cuerpo se convierte en polvo. Te deshaces, como si fueras de arena. Para detectarlos, hay que meterles un dedo en un vaso de aceite. Si el aceite salta del vaso, están infectados por el virus antizombi, y en ese caso, hay que quemarlos vivos, nunca comérselos. Ya lo habrá oído antes, ¿no?

DZ 14

Transición zombi.

Transición zombi. Dícese del estado confuso en el que se encuentra un zombi que es y no quisiera ser, que desea ser otro y también teme convertirse en algo diferente. De quien está cansado de desempeñar un papel, el de zombi pulcro, idealista y con principios. En esta etapa de la vida, el zombi se da cuenta de que es tan vulgar, caprichoso, indeciso y torpe como cualquier humano.

Resumiré lo que te ocurre

Resumiré lo que te ocurre en una sinopsis de cincuenta y cinco palabras, como las que aparecen en las contracubiertas de los libros y pretenden convencerte de que compres, dice Sebastián. Luego suelta las cincuenta y cinco palabritas: Reconozco que siempre he tenido cierta antipatía por las frases lapidarias, por sentencias que se arrogan las maneras de un principio válido para cualquier zombi y circunstancia. Pero debo admitir que la expresión Conócete A Ti Mismo es una orden que una parte de ti debe estar gritando desde algún rincón escondido de tu cerebro.

Lo apagado del tiempo

Lo apagado del tiempo, el lento pasar de unas horas vacías, rivaliza con la grisura que observa a través de la ventana de su habitación, con la que se mantiene en contacto con lo visible: un cielo permanentemente mustio, los hilos de tendido eléctrico en los que por la tarde se aprietan los estorninos, la azotea de un bloque de pisos de ladrillo visto, sombreada por el humo de los coches que hasta hace poco atravesaban las calles. El tiempo zombi se ha coagulado. Y sus piernas también.

Todo me parece ahora distinto

Todo me parece ahora distinto. Ahora todo forma parte de una ensoñación. Todo con lo que me reencuentro ha cambiado, como si todo lo viera a través de un cristal con extrañas propiedades, un vidrio que deforma cada una de las imágenes y cambia, en consecuencia, lo que puedes llegar a sentir.
Después de esa confesión, la mujer zombi miró al hombre al que acababa de morder de otro modo.

Lebamis

Lebamis. Peces zombis. Son pequeños. Su cuerpo es blando. Sus bocas, grandes. Se alimentan de los desechos que flotan en la superficie del mar, como si los cadáveres en descomposición fueran el manjar más exquisito y fácil de digerir para sus estómagos. Una vez que han comido, se sumergen en las profundidades y no vuelven a emerger hasta que vuelven a sentir hambre. Hay quienes opinan que los lebamis, al igual que los delfines, sienten curiosidad por los barcos y por los que navegan en ellos, y que por eso a veces salen a la superficie. El hombre se preguntó si los lebamis que saltaban alrededor del barco le veían. Y qué es exactamente lo que esperaban. Temió que supieran mejor que él lo que iba a sucederle a la embarcación.

Jugando al ratón y al gato

Jugando al ratón y al gato. Un gato se come a un ratón, y un ratón zombi destroza al gato antes de devorarlo, y luego es un gato zombi el que engulle al ratón zombi, y más tarde un ratón zombi gigante el que da buena cuenta del gato zombi, y así sigue el cuento, que nunca se acaba.