Anatomía Uno

Anatomía Uno: como si lo de los zombis fuera un cuento para niños con moraleja incluida. Su amigo era bueno, muy bueno. Un gran chico, lo decían todos. Su padre también era bueno. Ambos le daban buenos consejos. Se preocupaban por ella. El extraño no es para ti, dijo su padre. Casi calcando la expresión de su padre, su amigo dijo: El nuevo no es para ti. Se decían cosas del nuevo. Que era zombi, por ejemplo. ¿Para qué complicarse la vida? Búscate a alguien como tú, le decían. Alguien como el amigo bueno. La chica dudaba. El amigo parecía tan bueno, tanto, que le hacía dudar. Cerró los ojos y trató de verlos entonces, al amigo bueno y al chico del que se decían cosas. Todo le pareció diferente, como si sus anatomías hubieran cambiado. Que fuera o no zombi era lo de menos.

Entrañas

Entrañas. Hay cosas que no son comunicables. Permanecen invisibles, apartadas de la mirada. Palabras de los vivos que duermen en las entrañas de los que estamos muertos.

Entrañas zombis. Rojas, aplastadas, bañadas, mojadas por la sal. Una vez sus pequeñas manos blancas acariciaron (muy levemente, de una manera casi impalpable) mis entrañas zombis. La piel entonces se plegó y todo en mí se volvió del revés.

Entrañas a la vista. Blancas, enfebrecidas, luminosas, bañadas por el sol. Una vez, sus pequeñas manos blancas.

NZC (New Zombie Culture), toma 12

NZC (New Zombie Culture), toma 12 (cultura médica, educación sanitaria): La eficacia de la vacuna antizombi es cero. Pero todos se la ponen.

Entrevistas desde fuera, toma 12

Entrevistas desde fuera, toma 12: Unos zumbaos salen de su país, se vienen al nuestro y montan una masacre que te cagas. Todo cristo se mea en los pantalones. Zombi Power o una chorrada parecida. Nuestro gobierno dice que ná de ná, que son unos putos taraos, que ni caso. Pero aunque dice eso, aprovecha y da luz verde a una Operación Hostil contra supuestos zombis y se saca de alguna parte unos juguetes para detectarlos que ni Dios sabía que existían. Una operación secreta que no es tan secreta, porque todo el puto bar, todo el puto autobús y toda la puta cola del paro hablan de lo mismo, de la Operación Secreta Rompámosle El Culo A Los Zombis. Si yo no quiero que alguien se entere de algo, en esta boca no entran moscas, pero el gobierno venga y venga a hablar de lo mismo. Me recuerda a lo de la epidemia de gripe que supuestamente mata a millones de millones de personas, aunque los que luego la espichan no llegan a quinientos. Pero venga a hablar del asunto y a montar saraos. Pasa de ellos, gira la cabeza y mírate el ojete. ¿Qué? ¿A que lo tienes hinchado y rojo? No te habías dado cuenta, ¿verdad, pringao?

Trompas

Trompas zombis enormes, enrrolladas en espiral. Algunas son tan grandes que están plegadas sobre el abdomen. Las extendemos para libar el jugo de nuestras queridas plantas, las que piensan que piensan y caminan sobre sus extremidades inferiores. Despierto. Me llevo las manos a la cara. Palpo la nariz, los labios, los dientes, la lengua. Aún no tengo trompa. Aún no me he transformado en un lepidóptero zombi.

NZC (New Zombie Culture), toma 11

NZC (New Zombie Culture), toma 11 (fragmento extraído de una novela española de literatura costumbrista): Los domingos se levantaban por prescripción ascendiente a las cinco de la madrugada. Se lavaban, se vestían, se arropaban bien y, pegadas unas a otras, emprendían el viaje hacia la iglesia. Fuera de los muros inmaculados del templo, se arrodillaban y oraban. Luego aguardaban a que la misa de seis terminara y los muy sacrificados y devotos madrugadores empezaran a desfilar. Sus hermanos y su padre dormían hasta las ocho y cuarto. A esa hora, ellas regresaban y traían al creyente que hubieran escogido y troceado con las manos. Después de alimentarse, todo cambiaba. A las diez en punto de la mañana, de nuevo iban a la iglesia, pero esta vez no se metían con nadie, sino que se quedaban a escuchar misa. Todos en aquel pueblo eran creyentes. Todos se levantaban a las cinco de la madrugada cada domingo. Todos lo sabían. Y todos lo aceptaban, como un sacrificio periódico que exigía Dios.

Entrevistas desde fuera, toma 11

Entrevistas desde fuera, toma 11: Mi madre nos prohibió a mi hermana y a mí acudir al baile. Debíamos rezar el rosario. Lo que hicimos fue orar deprisa e ir luego a la verbena. También nos prohibió bailar con hombres, pero yo me agarré al que me gustó y me marqué un pasadoble con él. Hace tanto de eso. Ojalá pudiera levantarme ahora de la cama y bailar. En fin. Mi madre se enteró y nos sacudió con la escoba, a las dos. Como la habitación estaba a oscuras, mi madre nunca supo que quien se llevó la peor parte fue la almohada. Eso sí, gritamos como si nos estuviera matando, para que se quedara conforme. ¿Qué me preguntaba? ¿Los zombis? Claro que creo en los zombis. Ahora hay uno dentro de mí, que me come por dentro. Por eso sigo un tratamiento con radioterapia y quimioterapia. Sí, por aquel entonces ya existían. Yo los oía rezar cada domingo en la iglesia. Y mi padre repetía siempre lo mismo al hablar de política, como un zombi que tuviera el disco rallado.

Alas

Alas zombis que se elevan como hierbas.
Por su alba anatomía de pliegues blancos.
Por verdes y azules cambiantes aguas.

Manos blancas escondidas en las mías.
En su lejanía me tocan y deshacen.

Las hierbas blancas juegan con su nombre.

NZC (New Zombie Culture), toma 10

NZC (New Zombie Culture), toma 10: Según Ernst Jünger, al zombi que entra en conflicto con el mundo en el que vive y del que se alimenta le queda una salida: emboscarse, es decir, refugiarse en el bosque, apoyarse en sí mismo, sobrevivir con sus propias fuerzas. Supongo que ese gran pensador zombi algo asceta no se refería a algo tan mundano como encerrarse en un apartamento con una humana mientras todo se derrumba. Y no con la primera que encontré, sino con la persona que yo buscaba. Pero como dijo otro célebre zombi teutón, Richard Wagner, el amor es lo que hace que el mundo se mueva.

Entrevistas desde fuera, toma 10

Entrevistas desde fuera, toma 10: Sí, es una máscara. Me gustaría verle enfrentado a ellos, día tras día, soportando sus malas caras, que exigen todo de ti. Esa larga cola puede contigo. Nunca se acaba. Empieza cuando se abren las puertas y termina cuando llega la hora del cierre, sin descansos. Opté por llevar un disfraz. Me llaman muchas cosas desagradables: borde, antipático, malasombra, serio. Hay quienes confunden esa segunda piel con lo que hay dentro, y no es así, no, en absoluto, no lo es. No voy a presumir de ser el mejor tipo del mundo, pero tampoco el que la mayoría piensa. Como si yo hubiera inventado las normas, como si yo tuviera la culpa de que nadie pueda entrar ahora en el edificio sin antes detenerse delante de mi cabina, donde los examina el aparato de detección antizombis.

Úvula

Úvula. Una. Sola. Las amígdalas zombis estaban muy bien juntas y no necesitaban a nadie. La úvula le dijo algo a la lengua, que también es una, pero la lengua tenía la agenda permanentemente ocupada (saborear humanos, entrevistas, conversaciones lúdicas y, naturalmente, sexo). El paladar tampoco estaba por la labor. Ni los dientes. Preguntó en la parte de atrás, pero ni la faringe ni la laringe tenían tiempo ni ganas de relacionarse con los de fuera. Las amígdalas la buscaron un par de veces, cuando se llenaron de pus y algo oyeron acerca de extirparlas como tratamiento definitivo, pero cuando se les pasó el miedo, se olvidaron de la úvula. Peor fue lo de la lengua zombi. Hablaba mal de la úvula, pero a sus espaldas. Las veces que estuvieron juntas, la lengua siempre le reía las gracias. La úvula se hartó y los mandó a freir espárragos. Decidió hincharse, y por eso a algunos zombis se les nota una voz gangosa. Esta historia la leí en un libro de cuentos zombis.

NZC (New Zombie Culture), toma 9

NZC (New Zombie Culture), toma 9: Debe verlo todo con una nueva perspectiva, porque son especies diferentes con culturas diferentes. No voy a insistir en lo melancólico de su existencia ni en una vida malgastada en lamentos. No pierda de vista lo que importa: la historia en su totalidad, no solo el desenlace, la biografía del niño que el humano y la mujer zombi tuvieron. No se regodee en lo atroz. Lo que le ocurrió al niño no es ni el principio ni el final de la historia. El miedo le cegará, le impedirá comprender a la mujer zombi y lo que hizo. Cada palabra y acto de ella adquieren una nueva luz examinado el asunto desde la perspectiva del hambre y del amor, entendido a su modo, al de la mujer zombi, quiero decir. Piense en esto: cuando la mujer zombi lloraba por su hijo, era sincera.

Entrevistas desde fuera, toma 9

Entrevistas desde fuera, toma 9: No, no me gustan sus entrevistas. Tengo la impresión de que usted se conforma con nadar en la superficie. No indaga, como si tuviera miedo de encontrarse con personas, personas de verdad, dignas de lástima y también de admiración, seres de carne y hueso, y no fantoches. Rebusca entre los esperpentos y ofrece una visión muy sesgada de cómo es la gente. Esperpentos. Esa es la palabra, esperpentos. Eso es lo que le gusta, lo que quiere mostrar, lo que divierte a su inmadurez y a su inconsciencia. Mire, ya está bien, no voy a entrar en su juego, no voy a formar parte de su patochada. Dejé los tebeos, las naves de extraterrestres y los zombis cuando dejé de vestir pantalones cortos. ¿Quiere que diga algo? Pues hablaré, y espero que no cambie ni una sola coma. Debería tomarse en serio lo de la masacre del instituto y dejarse de zombis. Hay muchos padres que ahora mismo están sufriendo por lo que les ha sucedido a sus hijos, y niños que han perdido a uno de sus padres de una forma horrible. ¿De verdad eso le divierte?

Lenguas

Lenguas. Se anudan como hilos que quisieran ligar los bordes de una piel cortada. De esa unión, nacen palabras dignas de Babel. Como las siguientes, que pronuncia mi negra lengua zombi mientras busca la suya: Ooo0OO0ooOh, Dios, podría perderme en su boca y creerme rey de unnnnesssssspaciooo0Oinfinitooo00O.

NZC (New Zombie Culture), toma 8

NZC (New Zombie Culture), toma 8: Einstein dijo que al zombi que no posee el don del hambre insaciable por la carne humana más le valdría estar muerto. Luego soltó la tiza, se alejó de la pizarra y se abalanzó sobre Marilyn Monroe, que estaba sentada en primera fila.

Entrevistas desde fuera, toma 8

Entrevistas desde fuera, toma 8: Se lo dije. A la megagorda necesitada. Deja de hacerte la simpática con tus comentarios de serpiente acosadora. Que sepas que si no fui al instituto es porque de verdad estaba mala. Si me dolía la barriga era de la regla, no de vomitar para no engordar, zorra-siempre-a-la-ofensiva. Y si me salvé, pues qué quieres que te diga, la suerte de las ganadoras. No voy a pedir perdón porque un zombi superrrepugnante no pudo abrirme como si yo fuera una bolsa de Cheetos Crunchy y comerse mis tripas. Y menos aún me voy a justificar delante de una frustrada que va de amiga y no lo es. A esa, con un ojo cerrado y el otro abierto. Eso le dije. Y por cierto, tanto hablar de mí, ¿esa guarra dónde estaba?

Laringes

Laringes zombis. Enumero sus incorrecciones: dicharacheras, banales, de humor grosero. Algunos sospechan que las laringes se lo toman todo a broma. Y hay cosas con las que no conviene frivolizar. Amargas zombis. Así las han apodado algunos. Una laringe debe ser lo más parecido a un monumento sonoro que culmine con un himno de amor, dicen, y lo que hacemos algunos es escribir canciones de cabaret. Pero esa discusión está muy lejos, a cien mil kilómetros de distancia: mi laringe ahora solo habla al lado de Vera, y nunca dice algo inteligible.

NZC (New Zombie Culture), toma 7

NZC (New Zombie Culture), toma 7: Su realismo vigoroso a la hora de trazar personajes, su certero ojo crítico, la inmensidad de su narrativa, fruto de un hercúleo trabajo y de una enciclopédica documentación, todo esto convierte a La Comedia Zombi en una completísima y compleja obra de arte que se sitúa en la cima del canon literario de nuestro siglo, dijo el celebrado intelectual español especializado en zombis para terminar su larga conferencia. Uno de los zetas que aún no se había largado de allí levantó la mano y preguntó, dirigiéndose al resto del público: ¿Quién va a hacerle un favor al mundo y va a destripar a este idiota?

Entrevistas desde fuera, toma 7

Entrevistas desde fuera, toma 7: Yo no sé muy bien qué es eso de una fosa séptica, pero debe de ser algo que suelta una peste de cojones, algo de agárrate y no te menees. Lo que sé es que esa noche vendí más birras que en toda mi puta vida. Ahí estaba la clientela, bebiendo como si el fin del mundo viajara en buga a la velocidad de la luz. Todo cristo tenía los ojos pegados a la tele de plasma, más que una cucaracha a un cenicero con cacahuetes, sin perder detalle de la masacre en el colegio de pijomierdas. Los tíos tenían los huevos hechos puré y las tías estaban más secas que la madrastra de Blancanieves. Que si han sido los zombis, que si han sido los primos terceros de Bin Laden, zombis por aquí, zombis por allá, qué vamos a hacer si les da por aparecer por aquí, eh, unos que nos vamos, otros que nos quedamos, y un listillo diciendo que al Polo Norte, que es una zona segura. Al Polo Norte se irá tu puta madre, cagado de mierda, y con ella tu descendencia de espermatozoides convertidos en Flan Dhul. El mundo está lleno de capullos que se tragan todo lo que sueltan por la tele.

Culos

Culos zombis. Podría contarle la verdad acerca de ellos. Trabajan mucho, y no solo como negros literarios para los aristócratas de la carne viva, le explico a Vera. También hay culos en otras ramas del arte. Por ejemplo, hay compositores zombis que entregan a un culo una partitura pianística para que esas dos nalgas elaboren la orquestación de una sinfonía zeta o de una banda sonora zeta. Incluso se ha dado el caso de supuestos autores que graban en una cinta magnetofónica el sonido de su voz zombi y luego se la pasan a un culo para que le dé forma, para que cree acordes a partir de un tarareo y armonice luego el conjunto. ¿Extrañarse por eso? ¿Es un delito, al margen de lo que digan los códigos de leyes humanas? Me da vergüenza admitirlo, pero sí, antes, en mi tiempo libre, saqué un sobresueldo haciendo de culo. Vera se ríe, como si lo que acabo de contar fuera un disparate.

El final (XII)

El final. Decenas de minúsculas lucecitas rojas se desplazaban como nerviosos insectos por la cabeza de la chica. Decenas de armas con mirilla telescópica que la apuntaban. No te muevas, ordenó un soldado justo detrás de ella. ¿Te gusta el ballet?, dijo ella. ¿Qué? Te he preguntado si te gusta el ballet. Quédate quieta. ¿Vas a disparar? Nos gustaría ayudarte. ¿Ayudarme, quieres ayudarme? Sí, acércate despacio. No me has dicho si te gusta el ballet. Te lo repito, acércate muy despacio. ¿Conoces El Pájaro de Fuego? Acércate y no hagas tonterías. Ahora puedo bailar mejor que antes, mírame.
Ella se incorporó y las radios recibieron entonces una misma orden. Los dedos índices presionaron los gatillos y los proyectiles gimieron al romper el aire.

La chica (XI)

La chica subió al tejado. Desde allí lo vio todo. Cómo ardían cuerpos. Cómo se desparramaban sobre el césped y la tierra. Cómo se confundían. Zombis descabezados por proyectiles y humanos descabezados por brazos zombis. Los soldados disparaban sin poner antes los ojos en las mirillas que distinguían a unos de otros. Lo que más tarde dijeron los noticiarios fue que unos terroristas habían tomado un instituto de secundaria, y que estaban locos, y que asesinaron a todos los rehenes, y que los soldados no pudieron hacer más. La chica, desde aquella altura, no pudo contar su versión.

Dedos

Dedos. Fue un accidente. Nada premeditado. Le pasé un objeto, no importa cuál ni para qué, y sus dedos se rozaron con los míos. Cada uno fue un brazo que quiso aferrarse a los otros. Dedos fríos y dedos vivos. Dedos zombis, inertes, y dedos que algún día encogerían. Anclas que no querían partir del fondo, donde la arena; garfios que ataban diferentes embarcaciones; velas plegadas, aseguradas sobre sus cabos en la cara alta de una verga, en el grátil de una nave roja. Que cada cual escoja la metáfora marina que más le guste. Da lo mismo, ninguna sirve. Yo solo sé que aún me duelen las yemas.

Un soldado (X)

Un soldado entró en el lavabo de chicas. La encontró en el suelo, encogida como un feto abandonado a su suerte. El soldado dejó de apuntarle cuando la vio temblar. Quizá creyó que estaba muerta de miedo. Cuando estuvo lo bastante cerca, la chica se abalanzó sobre él. Una mancha en la retina, que debía ser amarilla, virada al rojo, y un árbol rojo, de ramas rojas, extendido por el iris. Eso es lo último que vio el soldado, los ojos hambrientos de un zombi.

La chica (IX)

La chica lo notó. Habían pasado varias horas desde que el zombi le había arañado. Cuando se inició el asalto al instituto, los no vivos empezaron la masacre. El mismo zombi que la había atacado abrió el abdomen del chico. Una rosca untada en brea, encendida, una guirnalda roja de varios metros que a ella le hizo llorar por última vez. La dejó vivir. Solo a ella. Porque iba a transformarse. La chica estuvo segura cuando se le secaron las lágrimas y percibió otro sentimiento en la boca del estómago. Al principio fue un cosquilleo agradable. Luego, una urgencia por unirse al festín.