Las lápidas

Las lápidas, pregunta Sebastián. ¿Las lápidas? ¿Qué lápidas? ¿Qué dices? ¿Quién necesita lápidas? Me da por reír. Sigo escribiendo acerca del funcionamiento del matadero instalado en las afueras y no puedo parar de reír.

Sin agua

Sin agua, la piel de los humanos se deteriora con rapidez, la sangre se espesa, los labios se cuartean y pierden su jugo. La hidratación no supone un gasto supérfluo, sino una ventaja: se deshechan menos humanos y el grado de satisfacción zombi también es mayor.

Los establos

Los establos están preparados para evitar que la carne se deteriore. Salvo en el caso de que un humano vaya a ser sacrificado en el transcurso de las siguientes veinticuatro horas, debe evitarse la deshidratación, la malnutrición y la falta de higiene.

Un cálculo

Un cálculo, así por encima y nada científico: en el matadero se hacinan unos diez mil humanos. Durante el transporte, algunos pierden la vida: tratan de escapar y son asesinados, o los devoran los mismos guardias que los trasladan, o son descartados por insalubres y arrojados a alguna fosa. El proceso de transporte es delicado: debe hacerse en buenas condiciones, de lo contrario se estropea la calidad de la carne, tanto por daños físicos como por secuelas psicológicas.

Se ofrece transporte

Se ofrece transporte. En tren de cercanías, en autobús, en taxi y a pie, por dos rutas de senderismo. Todo depende de la distancia entre el lugar de origen y el matadero principal. Se envía a todos los zombis beneficiarios del matadero de humanos un folleto explicativo sobre la ubicación de las dependencias. También se les entrega una encuesta que deben rellenar, abierta a sugerencias e ideas sobre cómo mejorar el menú y la estancia.

Descripción del proyecto.

Descripción del proyecto. El matadero de humanos se basa en un concepto desarrollado por nuestro líder ZZ, un espacio en las afueras de la ciudad integrado por un conjunto de dependencias internas y externas en el que los zombis incapacitados o con algún grado de minusvalía puedan alimentarse sin dificultad de carne fresca.

DZ 1

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F I N D E L A S E G U N D A P A R T E:

E N T R A D A S 101 A 200

(S E R P I E N T E Z O M B I)

Sin la máscara

Sin la máscara. Vera, mi Vera. Así la llamé. Ella no respondió. Repetí su nombre. ¿Qué nos ocurre? Eso le pregunté. Ella siguió callada. ¿Tú crees que...? Interrumpí la pregunta. Ella suspiró, disconforme. Ella es humana. Y yo, zombi. En estos tiempos. ¿Algo que añadir? Supongo que no. Todo está dicho. Por eso suspiró. ¿Eso crees, cretino? ¿Cómo lo sabes? Lo que siente. Lo que significa. Lo que piensa. Vera, mi Vera. Volví a preguntar. Las farolas amarillas. La habitación oscura. El aire invisible. La noche zombi. Y el silencio.

Me invitó a su apartamento

Me invitó a su apartamento. Mi perfecta media naranja, cien por cien zombi, la que no existe, la que inventé para mis amigos, primero me enseñó su colección de discos. Después puso la canción de Sinatra Something Stupid en la versión cantada por Robbie Williams y Nicole Kidman. Ambos la escuchamos tumbados en un sofá cogidos de la mano. Cuando la canción terminó, dejamos las manitas y pasamos a las acrobacias. Mi imaginación ensayó todas las posturas que mi nada atlético cuerpo sería incapaz de llevar a cabo. Fui zombifeliz. Y mis amigos zombis también se mostraron muy satisfechos cuando se lo conté.

Estimado señor Stevenson

Estimado señor Stevenson: Yo habría permitido a su personaje de ficción, el señor Jekyll, que se transformara en más de un monstruo. También le habría entregado un billete de avión, para que viajara y conociera la tierra de zombis desde la que escribo estas líneas.

La proliferación

La proliferación de obras y objetos de temática zombi ha provocado que Sebastián se irrite otra vez. Ahora no tanto por el hecho de que hablen de nosotros, sino por cómo lo hacen. Todo es Mundozombifeliz.com, Zombi Channel, Zombiland Resort, Zombi Store, Zombi Mobile, Zombigift Animado, Zombi Magic Artist Coloring, Princesa Zombi, Librozombi Para Colorear, Winnie The Zombi y Zombiworld.

Te daré un poco de tiempo

Te daré un poco de tiempo, humano, para que creas que estoy leyendo el tocho que has escrito y enviado a nuestra editorial, el que titulas Serpientezombi, radiografía de una crisis. Los apuntadores Z ya han tomado nota de tu nombre y dirección. Dentro de dos meses recibirás un correo electrónico, en el que leerás que tu ensayo no encaja en nuestra línea. No deberás interpretarlo como un menosprecio hacia tu obra. Eso que ni se te pase por la cabeza. Mientras la conserves.

Sinopsis

Sinopsis. El afamado egiptólogo Alfred Hanks y la agente de policía Clarissa Jones descubren algo asombroso en La Sagrada Familia. Todo apunta a una sociedad de zombis encargada de custodiar un secreto que ha permanecido oculto durante dos mil años y cuya revelación hará tambalear los cimientos de la humanidad.

No me lo puedo creer. De verdad que no. Otro misterio religioso de otra orden zombisecreta, investigado por un listillo y por una tía buena pero no tan lista. Si hasta se apellida Hanks. Como Tom Hanks. Pues este es el estreno de la semana, el cine que viene de fuera. Feliz zombignorancia, apuntilla Sebastián.

Encontré una casa escondida

Encontré una casa escondida en una calle escondida. Una mujer abrió la puerta y me invitó a entrar. Me prometió un espacio. Era todo lo que yo pedía. Se marcharon los que pudieron, aquellos a los que no quemaron o no dispararon entre los ojos. En la casa escondida había otras mujeres. Atendían a zombis como yo, a los que habían sobrevivido, se habían quedado y buscaban un refugio. (¿Cómo puedo soñar ahora con algo así?). Estoy seguro de la estación. Sé que era invierno, porque caía la nieve.

Cómo arden

Cómo arden,
Aún respiran.
Rosadas manos,
Mujerzombi, envueltas
En noctámbula
Nieve.

Y sin embargo

Y sin embargo, cuando me han pedido unas líneas que ya forman parte del aparato publicitario de nuestro maestro ZZ, lo que he escrito ha sido lo siguiente: Los matrimonios entre humanos y zombis originan defectos hereditarios y contribuyen a la degeneración genética de nuestra especie. Debemos, por tanto, apoyar la prohibición de estas relaciones y fomentar un sistema de zombicastas. (Mi amigo Sebastián, zombiobjetor de conciencia, abogado de la zombiresistencia interior, vomitó después de leer lo que yo había escrito, aunque ahora no recuerdo si eso fue antes o después de que me retirara la palabra).

Un epitafio

Un epitafio para nuestro líder y maestro: ZZ, el último de la dinastía zombi, impuso la endogamia como forma de vida, y el resultado fue una generación de zombis impotentes, eyaculadores precoces, débiles mentales, diarreosos, bajitos y canosos a los que se les cayeron los dientes, por lo que murieron de inanición. (Mi suerte es que este diario no lo leen las bandas zetas ni su corte de seguidores, solo Sebastián).

Diez mil

Diez mil años viva Nuestro Emperador, su Santa Majestad Zeta. Cada mañana le llevan a la cama quince humanas vírgenes. A unas las desflora. A otras se las desayuna. A otras las muerde. Estas últimas se convierten en mujeres zombis, y luego él decide si son apropiadas para formar parte de su zombiserrallo. Allí nacerán cientos de retoños, alguno de los cuales podría ser un futuro emperador zombi. Eso cuentan de nuestro líder ahora. Y yo, la verdad, no sé qué creer. Tal vez quince es un número muy corto.

Rebautizo Z

Rebautizo Z. Nuestro líder y maestro ha dejado de llamarse Z Pop. Ahora debemos llamarle Generalísimo Zeta, o también Zombicaudillo, o Duze, o Zúhrer, y utilizar coletillas tales como Aquel Que Por Donde Pasan Sus Dientes No Deja Crecer La Hierba, o Azote De Humanos, o Zombi Rey Sabio y Zombi Rey Dios. No, es una broma, el que se atreva a decir algo parecido será desmembrado y devorado por su guardia pretoriana. Ahora es simplemente ZZ.

Vacaciones, despedidas

Vacaciones, despedidas. El último día, la mujer zombi se sentó donde rompían las olas. Dijo que de allí no se movería hasta que el humano apareciera para decir adiós. Él no se acercó a la playa, se marchó de viaje sin despedirse. La mujer zombi sigue sentada donde rompen las olas, en la misma postura, con los ojos fijos en la misma arena, trescientos cincuenta años después.

Emprendió una lucha

Emprendió una lucha por ser perfecto. Para que su amada zombi no se alejara de él. Dejó de ser quien era para gustarle. Eso es algo que la otra parte nunca valora. Posesivo, mandón, inseguro, tomó varias decisiones para atraerla, siempre desafortunadas. La última: mutilarse. Mostró uno de sus brazos desde la calle. Ella se asomó a la ventana cuando lo oyó gritar. Una banda de zetas, atraída por el olor, terminó lo que él había empezado.


Encontré prendas de ropa

Encontré prendas de ropa con las etiquetas puestas, decenas de pantalones, faldas y chalecos, las mismas camisas por triplicado aún sin estrenar, zapatos aparcados en cuatro hileras horizontales de cinco metros. Y ahora es como si alguien les hubiera tirado un jarro de agua fría. A ambos. Porque a los dos les sobrarán uno de los zapatos, una de las perneras de los pantalones y una de las mangas de las camisas. No recuerdo cuáles en cada uno, porque no quise volverme y mirar al suelo, donde los dejé, para comprobar si estarían desparejados o no.

Él es de los buenos

Él es de los buenos. Siempre correcto. Parece que no haya matado una mosca zombi en su vida. Ella se siente segura al lado de él, como con un par de viejas zapatillas de estar en casa. Él mariposea de manera insulsa y permanente alrededor de ella. No creo que la humana haya descubierto a su lado otras chispas que las que vislumbró fugazmente las noches de tormenta eléctrica. Pero cada cual elige su suerte.
Creo que nunca he sido tan cruel como en esta ocasión. No los devoré. Ni al que va de bueno ni a la que no se atreve a vivir. Los condené a seguir siempre juntos.

Que no se te olvide

Que no se te olvide lo que eres, me dice una voz. Cierto. Hablo de las bandas, de los nuevos zetas, como si fueran extreterrestres que han aparecido en una cristalería con manoplas y esquís puestos.
El humano no puede hablar porque le he arrancado la mandíbula, pero sus ojos, ah, su ojos, expresan tantas cosas. Y yo tengo tan pocos escrúpulos. El sentimiento de culpa tampoco aparece por ninguna parte. Meneo la cabeza. Para qué me hago el exquisito. Me mira por última vez. Luego alargo las manos hacia sus cuencas orbitarias.