Vacaciones, despedidas. El último día, la mujer zombi se sentó donde rompían las olas. Dijo que de allí no se movería hasta que el humano apareciera para decir adiós. Él no se acercó a la playa, se marchó de viaje sin despedirse. La mujer zombi sigue sentada donde rompen las olas, en la misma postura, con los ojos fijos en la misma arena, trescientos cincuenta años después.
Emprendió una lucha
Emprendió una lucha por ser perfecto. Para que su amada zombi no se alejara de él. Dejó de ser quien era para gustarle. Eso es algo que la otra parte nunca valora. Posesivo, mandón, inseguro, tomó varias decisiones para atraerla, siempre desafortunadas. La última: mutilarse. Mostró uno de sus brazos desde la calle. Ella se asomó a la ventana cuando lo oyó gritar. Una banda de zetas, atraída por el olor, terminó lo que él había empezado.
Encontré prendas de ropa
Encontré prendas de ropa con las etiquetas puestas, decenas de pantalones, faldas y chalecos, las mismas camisas por triplicado aún sin estrenar, zapatos aparcados en cuatro hileras horizontales de cinco metros. Y ahora es como si alguien les hubiera tirado un jarro de agua fría. A ambos. Porque a los dos les sobrarán uno de los zapatos, una de las perneras de los pantalones y una de las mangas de las camisas. No recuerdo cuáles en cada uno, porque no quise volverme y mirar al suelo, donde los dejé, para comprobar si estarían desparejados o no.
Él es de los buenos
Él es de los buenos. Siempre correcto. Parece que no haya matado una mosca zombi en su vida. Ella se siente segura al lado de él, como con un par de viejas zapatillas de estar en casa. Él mariposea de manera insulsa y permanente alrededor de ella. No creo que la humana haya descubierto a su lado otras chispas que las que vislumbró fugazmente las noches de tormenta eléctrica. Pero cada cual elige su suerte.
Creo que nunca he sido tan cruel como en esta ocasión. No los devoré. Ni al que va de bueno ni a la que no se atreve a vivir. Los condené a seguir siempre juntos.
Creo que nunca he sido tan cruel como en esta ocasión. No los devoré. Ni al que va de bueno ni a la que no se atreve a vivir. Los condené a seguir siempre juntos.
Que no se te olvide
Que no se te olvide lo que eres, me dice una voz. Cierto. Hablo de las bandas, de los nuevos zetas, como si fueran extreterrestres que han aparecido en una cristalería con manoplas y esquís puestos.
El humano no puede hablar porque le he arrancado la mandíbula, pero sus ojos, ah, su ojos, expresan tantas cosas. Y yo tengo tan pocos escrúpulos. El sentimiento de culpa tampoco aparece por ninguna parte. Meneo la cabeza. Para qué me hago el exquisito. Me mira por última vez. Luego alargo las manos hacia sus cuencas orbitarias.
El humano no puede hablar porque le he arrancado la mandíbula, pero sus ojos, ah, su ojos, expresan tantas cosas. Y yo tengo tan pocos escrúpulos. El sentimiento de culpa tampoco aparece por ninguna parte. Meneo la cabeza. Para qué me hago el exquisito. Me mira por última vez. Luego alargo las manos hacia sus cuencas orbitarias.
Imaginación
Imaginación. Otra forma de escapar de la serpiente. Es de madrugada. También esta noche me he desvelado. Imaginación: se me ocurre que la serpiente no sólo es una fuerza destructiva. Puedo verla como una mujer fuerte, circular, a través de la cual asciendo. Sus espirales remedan la concha de un caracol, y al llegar al centro, en lugar de una muerte zombi, encuentro algo distinto. Vera me ciega, triunfante, húmeda, blanca, como el cuello de un cisne.
Huida de la realidad
Huida de la realidad zombi a través de los recuerdos. Sebastián me cuenta que él tenía doce años y era un zombi, ya entonces, de los que siempre logra pasar desapercibido. Ella era humana y tenía once. Se miraban el uno al otro con curiosidad, preguntándose qué ocurría, por qué se buscaban con los ojos. Ella debió adivinarlo. El último día de vacaciones, se acercó a Sebastián, le entregó una caja de cartón con dos ratas vivas y dijo: Espero que te gusten.
Un posible tratamiento
Un posible tratamiento sería el interferón, el cual evita la replicación viral en células aún no infectadas y favorece la eliminación de las células infectadas al activar la producción de linfocitos. Lo explicaré de manera que se entienda: este avance científico no habla de detener la infección por mordedura de zombi, es un método nuevo para sanear células humanas, de manera que los humanos que hayan enfermado también estén sabrosos.
Mujerzombi
Mujerzombi es otra publicación que se une a la moda Z: Cómo conseguir una mirada radiante: el cosmético imprescindible es el corrector, ya que unos toques de pincel bien aplicados sobre las ojeras zombis te darán esa mirada con la que podrás conquistar a quien desees, zombi o humano, en cuestión de segundos.
Un columnista
Un columnista ha publicado lo siguiente como editorial en una revista de contenido político: Pueden suceder muchas catástrofes. Los zombis pueden ser derrotados, vilipendiados, ridiculizados, incluso se les puede cortar la cabeza. Pero nada de esto será decisivo. La especie zombi se volverá a levantar mientras por las venas de los individuos que la componen corra sangre no humana.
¿Quién dijo que carecían de sentimientos? A los miembros de las bandas zetas se les saltan las lágrimas cuando leen estas cosas.
¿Quién dijo que carecían de sentimientos? A los miembros de las bandas zetas se les saltan las lágrimas cuando leen estas cosas.
La maquinaria
La maquinaria Z está en marcha. Y no se detiene. Ahora es un filósofo, antropólogo y sociólogo el que ha abierto la boca: Un alma zombi puede iluminar y embellecer su cuerpo. En cambio, un cuerpo humano bello sin un alma zombi en su interior resulta repulsivo.
La frase que sigue no la acabo de entender, y sospecho que él tampoco sabe muy bien qué es lo que quería decir. Según este zombiólogo: Aunque se afirme que la esencia se halla en lo estrictamente biológico, no puede olvidarse la descomposición física como expresión de valor zombi, ya que refleja la perfección y fortaleza de nuestra especie.
La frase que sigue no la acabo de entender, y sospecho que él tampoco sabe muy bien qué es lo que quería decir. Según este zombiólogo: Aunque se afirme que la esencia se halla en lo estrictamente biológico, no puede olvidarse la descomposición física como expresión de valor zombi, ya que refleja la perfección y fortaleza de nuestra especie.
El discurso
El discurso de Z Pop ha aparecido en todas las cadenas de televisión. Sebastián opina que se le ha ido la olla. Z Pop ha afirmado que las mujeres realmente valiosas son zombis, de manera que si las humanas quieren ser verdaderamente apreciadas y respetadas, deben cumplir la más alta misión que la naturaleza les ha encomendado: dejarse morder por un zombi, y una vez transformadas, ser esposas y madres dignas para maridos zombis y para hijos zombis aún mejores que sus padres.
No das los buenos días
No das los buenos días. Te levantas, vas al baño, te lavas la cara delante del espejo, te vistes, recoges tus cosas, pero a partir de ahí, la rutina se interrumpe. Pasas delante de mí como si los zombis nos hubiéramos vuelto invisibles. ¿Que si espero a alguien? Sí, gritaría, sí, espero a alguien, claro que espero a alguien, claro que sí, por supuesto que sí, sí, sí, sí. Pero lo que hago es guardar el mismo silencio que tú, Vera.
Despertarla
Despertarla. Como si todo fuera un mal sueño. Como si Vera pudiera recuperar su trabajo. Como si ella pudiera volver a andar por la calle sin que las bandas de zetas no fueran a violarla y torturarla antes de lo siguiente. Abro una ventana. Antes de que transcurran diez minutos, escuchamos gritos. Vera encoge las piernas, las abraza con sus manos y dice: De acuerdo, me quedaré, cierra. Oh, Vera, mi Vera, si tus brazos fueran los míos, si yo pudiera plegarme y envolverme en ellos.
Estudio prospectivo
Estudio prospectivo acerca de nuestro actual modelo de vida: no hay recursos para soportar a largo plazo la actual demanda de humanos: excesivo y caprichoso consumo de carne, infestaciones indiscriminadas de personas que se transforman en zombis. Sólo falta que cada zombi quiera tener coche propio, una televisión de plasma y vacaciones anuales en algún destino exótico, todo a buen precio.
Catástrofe
Catástrofe zombi. La población zombi aumenta con rapidez. Al mismo tiempo, la población humana desciende. El incremento zombi y el vaciamiento de las despensas humanas son directamente proporcionales. No hay que ser un genio de las matemáticas ni de la economía de subsistencia para adivinar que llegará un momento en el que nos quedaremos sin comida.
Guardamos un bien precioso
Guardamos un bien precioso, dice Sebastián, ya que por dentro somos libres, no como ellos. Oímos gritos. Sebastián detiene su discurso y se asoma por la ventana. Contempla una escena que yo no veo desde donde estoy sentado. No me asomo, puedo imaginar qué ocurre. Mi amigo suspira y concluye diciendo: Vivir en silencio, día a día, y mamar despacio, eso es lo que hacíamos, pero ahora... los nuevos zetas revientan los pechos a puñaladas, y las pasiones son extremas.
Distancia
Distancia zombi. Expresa el alejamiento afectivo entre humanos y zombis. Intervalos de tiempo, por ejemplo, ausencias de un mes. Desafecto, medido entre dos puntos, H y Z, y creo que con situar una mesa entre H y Z es suficiente. La suma de tiempo, distancia, desconfianza e incomunicación da como resultado cero o infinito. Al menos yo apliqué la fórmula con mi humana, Vera, y la primera vez obtuve un cero. Y la segunda, salió infinito.
Desde fuera
Desde fuera dicen que no existimos, que esto no está pasando. Hablo de otros países. De sus periódicos, radios y televisiones. Cuando alguien se atreve a mencionar que aquí existe una campaña subterránea de los zombis contra los humanos, la conclusión de los de fuera es siempre la misma: no es verdad, no puede ser verdad. Y si alguien pregunta qué está diezmando nuestra población de humanos, la respuesta que recibe es que nadie está desapareciendo.
Zetas que se adueñan
Zetas que se adueñan de algunas casas. Eligen una pareja. A ella la atan a la cama. A él lo atan a algún mueble de la cocina. Luego el zeta se divierte en el dormitorio. Y mientras, el humano prepara comida para la mujer, al menos mientras conserva las manos. Cuando el zeta se aburre, abandona la casa, que deja vacía, y busca otra.
Confusión zombi
Confusión zombi es gritarle a una humana como si fueras a romperla con tus frases hirientes, y recibir parecidos reproches, y sentir luego cómo tus ojos caen hacia atrás, cómo te los tragas y cómo llegan al estómago, donde los ácidos los disuelven, y a continuación abrazarla y besarla como si quisieras comerte sus dientes y su lengua.
Mi madre
Mi madre se enteró de que yo andaba detrás de una humana y convocó una reunión familiar. Es algo que pasó hace tiempo, pero aún recuerdo cada palabra: no es para ti, dónde vas con alguien como ella, tú no lo has pensado bien, te estás equivocando. Mi madre señaló el plato para picar que había sobre la mesa y añadió: Lo peor es que no es la primera vez que lo haces, y luego somos nosotros los que tenemos que solucionarlo.
Hasta cuándo
¿Hasta cuándo me vas a tener aquí encerrada? ¿Vas a seguir mintiéndote, vas a seguir diciendo que lo haces por mí?, me pregunta Vera. Le enseño los periódicos. Terrorzombi. Serpientezombi. La ciudad es nuestra, como tantas otras. Hemos salido a la luz. Nos extendemos tan rápida y letalmente como un virus. Ella me deja hablar, y luego repite: ¿Hasta cuándo?
Volvieron a preguntarme
Volvieron a preguntarme por Vera y volví a mentir, de nuevo aseguré que me la había comido. Volvieron a darme palmadas en el hombro y volví a dedicarles la misma sonrisa cobarde.
Todavía
Todavía hay quienes se organizan y persiguen y disparan a los zombis a la cabeza, pero cada vez son menos, y sólo atacan a oscuras y en grupo, y escogen como víctimas a los zombis más débiles, como hacíamos nosotros antes, solo que ahora son ellos los violentos, los asociales, los peligrosos, y nuestras cacerías de humanos se consideran legales.
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